Agricultores, los guardianes del paisaje

Nos alimentan, configuran y custodian el paisaje.

Análisis Agricultores | Caimari. Mallorca

Autores: Alberto Fraile y Maria Solivellas (chef y propietaria Ca Na Toneta)

Cualquier persona que sea capaz de captar la importancia del alimento, automáticamente reconocerá el valor de los agricultores, los guardianes del alimento, configuran y custodian el paisaje.

Es evidente que Mallorca perdió la batalla contra la agroindustria, en este caso David no pudo contra Goliath. No tiene pinta de ser una buena estrategia para el campo mallorquín competir con este gigante que pisotea el planeta. Puede ser más inteligente, centrarse en la calidad, en la conciencia, en la relación entre consumidor y productor, en la gastronomía bien entendida, en el respeto por los recursos naturales y las personas. Es un mercado que tiene futuro. Cada vez más dedos señalan que esa es la salida del túnel en el que nuestro sistema económico y social ha entrado.

No existen datos concretos, pero se suele afirmar, que el 90% de los alimentos que se consumen en Mallorca (residentes y turistas), proceden del exterior. A pesar de la dramática situación que padece el sector primario, casi todo el mundo coincide en que desempeña un papel decisivo en la conservación del paisaje, del medio ambiente y la calidad del entorno.

Es posible que las numerosas campañas que se han elaborado para fomentar el consumo de producto local no hayan conseguido transmitir a la población las verdaderas dimensiones del alimento autóctono. Puede existir una sensación entre las personas no sensibilizadas que el consumo de estos productos está relacionado con una visión identitaria. Se les escapa que está vinculado con un florecer de la economía local y que incluso, su desaparición, puede afectar enormemente la base sobre la que enraíza la que es actualmente la principal actividad económica de las Islas.

Contemplar el alimento desde una perspectiva más amplia puede ayudarnos a comprender los errores sistémicos que hemos cometido.  Puede aportarnos ideas para un cambio regenerativo. El alimento, es comida, pero puede ser mucho más. Puede ser salud individual y social, ecología, gastronomía, cultura, tradición, economía, convivialidad… E, incluso, puede ser turismo.

Cualquier persona que sea capaz de captar la importancia del alimento, automáticamente reconocerá el valor de su guardián: el agricultor. Este actor social en peligro de extinción no aparece recogido en ningún plan de futuro. Pero despejar al agricultor de la ecuación, como está sucediendo, es un error. Supone un suicido social y un derroche de conocimiento, que en tiempos de austeridad y eficiencia no nos podemos permitir.

Durante siglos, los agricultores de la Islas han demostrado una capacidad de adaptación y gestión de recursos envidiable.  Por poner un ejemplo, les Illes Balears es la Comunidad Autónoma que menos agua emplea para riego. La media estatal de regadío es de un 24%, en Valencia es de un 40%, y en Baleares sólo un 6%.

Nos alimentan, configuran y custodian el paisaje. Conocen las estaciones, conocen el agua, conocen la tierra, conocen la artesanía, conocen los animales, conocen las plantas, conocen los árboles, conocen la Luna. Ese conocimiento debe ser aprovechado (y reconocido).

Para que podamos revertir esta situación que no beneficia a nadie es necesaria una política agraria coherente, que los ciudadanos ejerzan su poder de influencia en el mercado y el agricultor haga un esfuerzo de adaptación a los nuevos escenarios. Un camino que nos puede conducir a una “democracia alimentaria”.

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