Éramos pocos y llegó Aznar

Análisis visita JM Aznar. | Palma. Mallorca

(Ver artículo original publicado en Diario de Mallorca)

Hacía semanas que teníamos prevista la conferencia del expresidente del Gobierno José María Aznar en el Club Diario de Mallorca, pero su visita coincidió con la tormenta perfecta. En medio del revuelo provocado por la insólita e incomprensible decisión del juez Florit de requisar móviles a los periodistas mallorquines Blanca Pou y Kiko Meste, llegó José María Aznar.

El 12 de diciembre, las inmediaciones del Diario de Mallorca parecían el camarote de los hermanos Marx. Hasta el punto de que Diario de Mallorca se querella contra el juez. Tema peliagudo. Se juntaron los periodistas y cámaras que hacían guardia para ver si llegaban los policías enviados por el juez a requisar más teléfonos y ordenadores a periodistas, los abogados que iban y venían, los expertos en explosivos con perros que rastreaban el perímetro para preparar la visita de Aznar, agentes levantando alcantarillas, policías con armas, servicio secreto, escolta, invitados…

En el momento álgido, pocos minutos después de que toda la redacción de Diario de Mallorca se manifestara dando el pistoletazo al clamor #ElSecretoNoSeToca, desembarcó el expresidente. Bajó del coche ataviado con una bufanda generosa y una sonrisa complicada. Ajeno al ajetreo que le rodeaba accedió al Club Diario de Mallorca, tomó una Coca-Cola light, se dejó entrevistar por Matías Vallés y charló relajado con los presentes antes de subir al escenario a repartir estopa. Dice que no volverá pero ya ha vuelto, encarnado en Pablo Casado.

Pronto nos dimos cuenta de que hay algo que a Aznar le duele y difícilmente le perdonará a su sucesor Mariano Rajoy -al que ahora nunca nombra pese a que le nombró- y es que durante su mandato haya permitido que su mayor legado, la unión de la derecha, se viniera abajo. Aznar no puede entender por qué Albert Rivera o Santiago Abascal no militan en el Partido Popular. Está seguro de que con él no se hubieran ido. No perdona que el flojo de Rajoy permitiera que la derecha se convierta en una hidra con tres cabezas. Que el gallego rompiera lo que él unió, le hierve por dentro a José María Aznar, que sigue siendo fiel a la máxima “o yo o el caos”.

Foto: Alberto Fraile
Foto: Alberto Fraile

 

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