Es la demografía, estúpido

Análisis Demografía | Palma. Mallorca

(Ver artículo original publicado en Diario de Mallorca)

Nuestro país envejece a marchas forzadas, muere más gente de la que nace –el número de nacimientos en España es el más bajo desde 1996 y el de muertes el más alto desde 1976– y los sucesivos gobiernos han sido incapaces de poner en marcha medidas de conciliación laboral que impulsen la natalidad. Las alarmas llevan décadas activadas y, aunque a los obtusos les escueza, las sostenibilidad de nuestra economía y de nuestra sociedad sólo puede ser compensada con la inmigración. Hay que asumirlo.

Las matemáticas no fallan: en el primer semestre de 2018, según el INE, hubo 178.939 nacimientos frente a 225.212 muertes. En Baleares, no somos ajenos a la tendencia, el saldo vegetativo de momento es positivo pero tenemos una natalidad alarmantemente baja y la situación puede variar en los próximos años hasta alcanzar a un crecimiento cero o saldo negativo. Se estima que en el año 2052 por cada persona inactiva habrá sólo una persona trabajando. Aunque nos pusiéramos a procrear como locos mañana mismo tampoco sería la solución porque nuestros retoños solo entrarían en el mercado laboral dentro de 20 o 25 años y ya será tarde. Ergo, necesitamos inmigrantes ya que es la única forma de contrarrestar la grave crisis demográfica que nos acecha. El bienestar futuro de la actual población activa no está garantizado, ni mucho menos. El FMI es tajante al respecto: para que España pueda pagar las pensiones en los próximos años hacen falta 5,5 millones de inmigrantes, es decir, un 12% de la población actual y la misma cifra que llegó entre los años 2000 y 2007.

Los inmigrantes vienen a trabajar (como hicieron nuestros antepasados cuando emigraron) y no a colapsar los servicios sociales y de salud, son el único remedio para retrasar el envejecimiento, tanto de la población total como de la población en edad de laboral. La inmigración no es el problema sino la única solución para sostener el sistema. Es imprescindible que los discursos anti-inmigración, xenófobos y aporafóbicos (rechazo a los pobres) queden marginados porque son falsos, y si calan, nos llevarán al colapso en las próximas décadas. Los anti-inmigración no solo son racistas, también son estúpidos.

 

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