Entrevista a Brian Eno. Artista

“Si quieres cambiar tu vida, apaga la televisión”

Entrevista a Brian Eno | Palma. Mallorca

Cuando Brian Eno hace música utiliza colores en sus partituras y cuando pinta pone sonidos en sus pinceles. Juega con la luz y el sonido de tal manera que sus cuadros vibran y bailan y su música te envuelve como un ambiente. Eno lleva más de 25 años esculpiendo y mezclando la luz en obras vivas, sorprendiendo en exposiciones por todo el mundo con sus televisiones modificadas, proyectores programados y esculturas luminosas tridimensionales. Aunque a este alquimista del sonido, la luz y el color se le conoce principalmente por romper las convenciones musicales como teclista de Roxy Music, la legendaria banda de glam rock de los 70. Y por ser el padre de la música ambiental moderna y el productor de músicos y bandas tan significativas como David Bowie, Talking Heads y U2.
Eno está considerado un visionario en la música y alguien muy preocupado por el resto de las disciplinas artísticas.
Si crees que no has escuchado su música te equivocas: es el compositor de “The Microsoft Sound”, la musiquita de inicio de sesión de Windows 95, y que aún se encuentra en las versiones actuales. Aunque Brian Eno utiliza sólo Macintosh.

Algunas de tus obras dan la impresión de que quieres crear un espacio espiritual ¿Es así?

Me gusta convertir un espacio neutro en un espacio espiritual. Y siendo ateo, siempre estoy buscando un sustituto. Creo que una de las cosas más valiosas de las experiencias religiosas es que te ofrece la posibilidad de rendición. Si piensas en la experiencia humana global en este planeta, el elemento de rendición está muy presente. Porque hasta hace muy poco, las cosas que podíamos controlar eran muy pocas. Sin embargo, desde la revolución industrial, hemos creado un concepto distinto de lo que es la humanidad. Nos vemos como que nuestro destino es controlar las cosas. Nos pasamos la vida controlando cosas. Incluso intentamos controlar cosas que no se pueden controlar muy bien. Me gustaría que reconociésemos que rendirse también forma parte del talento humano. El motivo por el cual admiramos y respetamos a la gente que llamamos ‘primitiva’ es por su capacidad de rendirse. Decimos que están muy integrados en su paisaje, en su tierra. Lo que significa es que no intentan controlar cosas que no se pueden controlar. Mi sensación es que nosotros los ciudadanos ricos, sofisticados, controladores, tenemos que reaprender a rendirnos. Tenemos que aprender a disfrutar la sensación de tomar parte en algo que no tiene una narrativa, ni un objetivo, ni es previsible, ni ofrece beneficios cuantificables.

Parece que ese intento de controlar la naturaleza y explotarla está pasando factura con los problemas ecológicos ¿Qué opinas de sobre este asunto?

El éxito de los humanos como especie tiene mucho que ver con su habilidad para controlar. Algunos aspectos de esto son buenos. Nos gusta el hecho de no tener que congelarnos en invierno. No quiero dar la impresión que estoy llegando a una filosofía tipo naturalista, que tenemos que volver a nuestras raíces, etc… Estamos tan lejos de esto que no merece la pena ni comentarlo. Pero sí tenemos que dejar de pensar que somos la guinda del pastel. Nos tenemos que rendir al hecho de que somos parte de un magma de cosas muy complejo y que algunas cosas que estamos haciendo están destrozando esta red. Esto es lo que el sistema capitalista nos ha enseñado, que tenemos el control de todo. El cambio de actitud no es: ‘tenemos que dejar de controlar las cosas’, sino más bien que tenemos que dejar de controlarnos a nosotros mismos. Una de las formas de hacer esto es dejando de lado una cierta arrogancia. Es un tema muy complejo, podría estar todo el día. Lo haré si quieres.

Estamos en medio de un cambio muy grande y estamos todos un poco desorientados ¿Hacia dónde crees que vamos?

En los últimos 50 años ha habido un cambio filosófico muy importante que todavía no hemos entendido del todo. Este cambio viene de pasar de una visión absolutista o fundamentalista a una visión más relativista, en relación con el medio en el que estás. Hemos perdido la fe en conceptos como el bien y el mal. Cuando vemos gente intentando utilizar estos conceptos, particularmente cuando vemos a los políticos intentando utilizarlos, nos damos cuenta de que realmente ya no funcionan. Por ejemplo, George Bush ha intentado pintarnos un cuadro en el que el mundo se divide en bueno y malo, lo cual es un concepto de guerra fría, funcionó en la guerra fría porque la gente creía en este concepto. La gente ha avanzado a nivel filosófico desde entonces. Es mucho más relativista ahora. El problema es que todavía no hemos integrado la nueva idea, la tenemos, pero todavía no la hemos asumido. Esto provoca que luchemos contra estos conceptos utilizando los mismos conceptos. Acabamos diciendo: “George Bush es el malo”. Pero eso tampoco funciona. No sirve darle la vuelta al mismo argumento. Creo que la gente está presintiendo que está emergiendo una nueva manera de hablar y de pensar. Lo que pasa es que parece aburrida, no es muy atractiva, parece burocrática. Por ejemplo, si lees algunas discusiones de la Unión Europea, parecen muy aburridas, pero en realidad son muy importantes, porque representan el entendimiento de que las interacciones globales entre individuos no están limitadas al bien y el mal, son negociaciones constantes sin cesar entre todos, es una negociación constante. A los norteamericanos no les gusta esto, quieren un retrato sencillo: ‘esto es bueno, esto es malo’. Pero el diálogo de la Unión Europea y de las Naciones Unidas es un parloteo constante. El futuro es una negociación constante y un acercamiento de posiciones. Este no es el futuro que nos ha vendido George Bush, no es el bien y el mal. El ‘estás conmigo o estás contra mí’ ya no funciona. Es un intercambio de ideas constante.

¿Cómo ves el futuro de la televisión?

No creo que la televisión ni siquiera tenga un presente, ni mucho menos un futuro. Creo que la televisión es el medio de comunicación más decepcionante inventado por el ser humano. Mi mejor consejo para la gente es que si realmente quieres cambiar tu vida, apaga la televisión. Es la forma más fácil y sencilla de cambiar tu mente. Cuando digo esto, la gente me contesta: hay cosas muy buenas en la tele. Y yo contesto: Sí, pero hay cosas muy buenas por todo. Con la televisión acabamos todos viendo las mismas cosas. Lo que estoy intentando, y por eso lucho tanto para que la gente deje de ver la televisión, es que no estemos todos en la misma página, el mismo plano. El poder y el peligro de la televisión es que hace que todo el mundo piense que las mismas cosas son las importantes. Y eso es un problema, ya que lo que es importante para mí tal vez no lo sea para ti. Durante un año antes de la invasión de Irak, casi todo el mundo en este planeta pensaba que el tema más importante era Sadam Hussein y las armas de destrucción masiva. ¿Cómo ocurrió que todo el mundo estuviera hablando y pensando sobre el mismo tema? Ocurrió porque todo el mundo estaba viendo la tele. Y si está en la tele todo el tiempo, acabas pensando que esto debe ser importante. Por la misma regla, acabas pensando que Britney Spears debe ser importante.

¿Haces algo sin pensar?

Hago muchas cosas sin pensar en el momento de hacerlas, pero después pienso en ellas. Creo que el equilibrio para un artista consiste en confiar en tu intuición sobre lo correcto, hacerlo, y después analizarlo. ¿Por qué esto pareció correcto? ¿Qué era lo correcto? En este tipo de situación, sólo me ves en mi aspecto intelectual, pero no soy así todo el tiempo. En realidad soy una persona muy romántica.

Tu manera de entender la música es un tanto especial, juegas con el sonido de una manera muy plástica ¿Cómo describes tú música?

Como muchos músicos ingleses, estudié Bellas Artes en Inglaterra, durante 5 años. Y como muchos estudiantes de arte, cuando salí de la escuela entré en un grupo de música. Me di cuenta entonces de que había una relación muy importante entre la música y el arte. Lo que pasaba en esta época en los estudios de grabación es que se podía grabar música de una forma muy parecida a como un pintor hace un cuadro. En esa época, la música se convirtió en algo distinto a una actuación. Hasta mediados de los 60 cuando alguien quería grabar algo solo tenía que sentarse delante de un micrófono y tocarlo. Pero desde entonces empezó a ser posible ‘pintar con el sonido’. Podías construir una especie de paisaje de sonidos y crear acústicas artificiales. Se podía inventar música que nunca se había hecho ni se podría hacer en una actuación, de la misma manera que se puede pintar una imagen de un lugar que no existe. Así llegué a hacer música, no sabía tocar ningún instrumento en el sentido convencional, pero sí podía construir pinturas musicales. Esto es lo que continué haciendo con mis siguientes grabaciones. Se puede interpretar mi música como música creada por alguien que quiere pintar un cuadro con ella. No quería hacer música que fuera la grabación de una actuación. Sentía que trabajaba en un territorio nuevo, inexplorado, una frontera entre la música y la pintura.

Tú eres el creador de un género musical, que se llamó ‘Ambient’ y del que han surgido muchas creaciones ¿cómo surgió ese concepto musical?

Las grabaciones que hice como Discreet Music y Music for Airports y otras grabaciones ambientales, eran un intento de crear una música que se percibiera como un paisaje sonoro. Cuando cuelgas un cuadro en la pared de tu casa, no esperas que el cuadro vaya a cambiar. Está allí siempre y a veces le prestas atención. Yo pensé que me gustaría hacer música que fuera así, que formara parte del entorno, permanente pero con pequeños cambios. Esto es lo que para mí fue el principio de la idea de la música ambiente. La idea era hacer una condición sónica o emocional en la que entras durante un tiempo y luego sales. Al mismo tiempo que hacía estas grabaciones de música ambient, estaba trabajando con artes visuales, porque es algo que he hecho durante toda mi vida excepto unos 3 años en los que estuve en una banda pop. Me di cuenta de que el tipo de experiencia visual que quería crear era más similar a la música que a la pintura. Y así me encontraba a mitad de los años 70, haciendo música que fuera como pintura y pintura que fuera como música. Sentí como estos dos aspectos se juntaban para ser una única cosa.

¿Y el video que papel jugó en todo esto?

A finales de los 70 empecé a utilizar el video como instrumento. Antes de esto estaba trabajando simplemente con luz, llevaba desde los 16 ó 17 años trabajando con luz, pero la tecnología disponible era bastante chapuzera y los resultados eran excéntricos pero no muy duraderos. Con la llegada del video en color, o su disponibilidad para gente corriente a finales de los 70, ocurrió un gran cambio: se podía decidir exactamente lo que querías que ocurriera con la luz en el tamaño de la pantalla. Esto es lo que hace el pintor con su cuadro, puede especificar dónde quiere que vaya cada color en el lienzo. Pero con el video hay una dimensión añadida: el tiempo. Cuando llegó el video por primera vez fue posible pintar con luz en el tiempo. Me di cuenta pronto de que la televisión había sido y sigue siendo un medio muy mal entendido. La tele nació del cine, y éste nació del teatro, y este último nace del hecho que nos queremos contar historias. La televisión siempre se basó en su posibilidad para la narrativa, para pasar información, pero se dejó de lado su posibilidad más amplia que es la de manejar luz. Esto fue para mí la cosa más revolucionaria de la televisión, porque los demás aspectos que tiene la tele siempre habían sido posibles. Manejar la luz con el tiempo era algo nuevo. Hasta mediados de los 80 seguí utilizando televisiones y luces para mis montajes. Luego empecé a recibir invitaciones para hacer instalaciones de mayor tamaño, y empecé a pensar en utilizar proyectores y diapositivas. Trabajaba con galerías para exponer mis trabajos, pero tenía una cierta frustración por el hecho de no poder hacerlo en mi casa. Una noche, caminaba de vuelta a casa desde mi estudio, y por una ventana se veía una fiesta-cena en la que había unas 50 ó 60 personas alrededor de una mesa, y en la pared había una enorme pantalla de plasma en negro. ¿Qué pones en una pantalla durante una cena? Ciertamente no pondrías la televisión. De hecho, no puedo entender que a la gente le pueda interesar poner la televisión en ningún momento, pero bueno, parece que les gusta. Miré este espacio negro y pensé: allí es donde deberías tener un cuadro. Entonces empecé a trabajar esta idea de utilizar este soporte, la pantalla de plasma, para utilizar todo este trabajo que venía haciendo con proyectores. Creamos un software y digitalizamos unas 350 diapositivas con las que había estado trabajando durante muchos años. El software elige de forma aleatoria hasta 4 imágenes y las sobrepone. El número de combinaciones posibles es de 77 millones. Por eso se llama ‘77 Million Paintings’. De hecho nunca puedes ver la misma combinación dos veces en tu vida. Me parece interesante que ni siquiera el artista que lo crea lo pueda ver por completo su obra. Como artista estás de alguna manera en la misma posición que los demás espectadores, mirando una obra que es nueva para ti.

¿Cómo encuentras la felicidad?

La encuentro por todas partes. No busco mucho realmente. Tengo mucha suerte, me paso el tiempo haciendo lo que quiero y hay gente que me paga. Pero no es sólo suerte, hay mucho trabajo para llegar a eso.

 

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