Entrevista a Christian Felber, una aproximación a la “Economía del Bien Común”

“Los mercados violan estructuralmente la Constitución”

Entrevista a Christian Felber | Palma. Mallorca

Cada vez más miradas se posan en modelos alternativos completos y no simples parches. Y ahí es donde el economista Christian Felber ha abierto una brecha. Bajo el nombre de la “Economía del bien común” presenta un modelo económico post-crecimiento, que permite la desglobalización y la democratización de los mercados. Y, sobretodo, pone la dignidad y la felicidad de las personas, el progreso social y la sostenibilidad de los ecosistemas en el centro de la actividad económica. Todo ello medible a través de indicadores.

El debate para trascender el modelo económico y financiero que nos ha llevado a la crisis actual está abierto. La refundación del capitalismo especulador que tanto se mencionó en 2008, tras la caída de Lehman Brothers y el infarto del sistema sanguíneo global, quedó en agua de borrajas. El Estado de Bienestar entró en retroceso y los gobiernos están recortando derechos y prestaciones a marchas forzadas.

 

P – Nuestro sistema económico está colapsando por culpa de la codicia. ¿Hay alguna manera de aplacar la codicia del ser humano?

 

Christian Felber – Por supuesto, las reglas del juego de la economía fomentan ciertos rasgos y desincentivan otros. En este momento están fomentando y propiciando las debilidades y deficiencias humanas como la avaricia, la avidez, la irresponsabilidad, la desconsideración y el egoísmo. Pero podemos reescribir las reglas del juego de la economía para que se fomenten otros rasgos más virtusoso del ser humano: la honestidad, la confianza, la empatía, la solidaridad y el compartir.

 

P – ¿Qué tienen que cambiar las empesas?

Christian Felber – Existen dos rasgos del modelo económico imperante que recompensa las debilidades del ser humano en lugar de potenciar la cualidades que permiten las relaciones sanas”: el afán de lucro y la competencia entre empresas

Son rasgos que se pueden cambiar con un marco legal incentivador del bien común en el que las empresas empáticas, ecológicas y democráticas se ven recompensadas. Y, en consecuencia, las empresas irresponsables, egoístas y contaminantes son penalizadas.

El proceso del bien común se trata de una discriminación positiva que permite poner en concordancia las leyes del mercado con los valores de la sociedad y el espíritu de las constituciones occidentales. El resultado: invertir la relación de precios en beneficio de los productos y servicios éticos.

 

– Sueles decir que la filosofía occidental y los valores constitucionales ponen en primer lugar el bien común como el fin a perseguir en la sociedad, sin embargo, los hechos son otros. ¿En qué momento nos hemos perdido y hemos cogido el camino que nos ha llevado a este callejón sin salida?

La desviación se produjo hace 250 años, cuando los economistas “liberales” introdujeron el mito de que la búsqueda del propio beneficio siempre beneficia a los demás. Los primeros en empezar a dispersar este mito fueron los contemporaneos de Adam Smith que en algunos momentos si acertaban pero no en todos y no contaban con transnacionales globales y fondos de inversión que manejan millones de dolares. Si tenemos en cuenta que estas entidades persiguen su propio beneficio, esta bastante claro que no benefician simultaneamente a todos los demás.

Este beneficio compartido si puede ocurrir con el pequeño panadero, zapatero o cervecero, donde el bien del pequeño inversor también lo sea del de sus grupos de contacto, clientes o personas cercanas. Porque es un tejido económico local de responsabilidad mutua pero en la economía capitalista globalizada esta correlación se ha perdido casi completamente.

 

Las constituciones occidentales hablan de que la economía debe estar al servicio de la sociedad. Pero en la práctica parece que las personas estén al servicio de la sociedad ¿Qué nos ha pasado?

El pensamiento occidental (Aristóteles, Tomás de Aquino) y las constituciones de los países europeas reconocen que el fin de la actividad económica es la satisfacción de necesidades y la creación de bien común pero el éxito económico se mide por el “medio”, la creación de beneficio puramente monetario. Este hecho está provocando una violación estructural de las constituciones por parte de los mercados. Tenemos la necesidad urgente de dejar a un lado los indicadores que miden exclusivamente el “medio”, el dinero, cuyo máximo exponente es el P.I.B e introducir indicadores que tengan en cuenta la calidad de vida de los ciudadanos.

 

– Cuando hemos vivido otras crisis sistémicas como la actual se acabó en un conflicto global para reiniciar el sistema. Esto sucedió con la Crisis del 29 y la Segunda Guerra Mundial. ¿Crees que vamos a consegur salir de este bucle histórico y por fin iniciar un camino de conciencia y no un camino de conflicto?

En este momento está todo abierto y podemo repetir lo peor de la historia o lograr hasta lo más utópico. Es posible que vayamos a una guerra civil en muchos paises de la UE. Los primeros presagios ya se pueden observar, desde Atenas hasta Madrid pero al mismo tiempo también es posible que haya un cambio de rumbo porque hay muchísima gente que desea otro orden económico y no la restauración y retroceso a dictaduras.

Creo que hay un 50% de posibilidades a la creacción de movientos sociales cívicos de ciudadanos comprometidos que impulsen y que finalmente consigan implementar otros modelos de democracia y simultáneamente nuevos modelos económicos.

 

– A nivel social tenemos que organizarnos pero para lograrlo también tiene que haber un proceso interno en cada uno de los individuos que participan. ¿Ese cambio de chip individual, personal, cómo crees que se debe enfocar?

Desde la Ilustración ya se está enfocando. En ese momento empezaron a contarnos que somos libres, autónomos y autores de nuestras vidas. Y desde entonces estamos aprendiendo a asumir la responsabildad por nuestras propias vidas individuales pero igualmente por la convivencia colectiva, que son las dos vertientes de la libertad.

Hasta ahora el efecto de la Ilustración ha sido moderado y ahora con la crisis vamos a experimentar un nuevo empuje en esa dirección. Lo que deseamos realizar sueños y utopias somos una aplastante mayoría y sabemos muy bien lo que queremos.

Falta que la gente se sienta responsable de que es ella quien debe impulsar estos cambios y que no es el Gobierno ni el Parlamento o los agentes sociales. Es un proceso largo de despertar y de asumir al 100% la responsabilidad sobre nuestras vidas, cosa que no afecta solamente a nuestro estilo de vida sino también a las reglas que rigen nuestra comunidad a nivel de convivencia y todo ello dibuja lo que es para mi el corazón de la democracia.

 

– En España se está hablando de una segunda Transición e incluso de que es necesario un nuevo contrato social. ¿Cómo crees que tiene que ser el contrato social del siglo XXI?

El contrato social del siglo XXI debería basarse en una ola de constituciones democráticas. Y eso quiere decir que las reglas del juego para una misma democracia siempre tienen que estar escritas por la instancia más alta, no por los representantes. Esto quiere decir, que la constitución siempre debe estar escrita, elaborada y adoptada por el pueblo y no por los gobiernos, los parlamentos u otra instancia. Para mi, este es el próximo paso que tenemos que hacer en el desarrollo evolutivo a largo plazo en las democracias.

 

-Si dentro de 50 años la Economía del Bien Común se ha introducido y ha conseguido ser una alternativa ¿Cómo se manifestaría un mundo basado en esta nueva economía?

Habría una verdadera democracia en la que todos los seres humanos participarian muy activamente en las decisiones. No se trata de una democracia asamblearia sino de continua participación en mayor o menor grado. Una democracia donde las decisiones fundamentales se adoptan por el pueblo soberano. Serían entorno a 5 o 10 decisiones al año donde habría referendos. Habría cuentas y presupuetos participativos y democráticos publicos a través de Internet y los ciudadanos se podrían informar de lo que se va a decidir en los parlamentos y participar en el proceso si lo desean. En los parlamentos dejaría de haber partidos políticos ya que estos son mecanismos de una democracia competitiva obsoleta.

La democracia pasaría a ser cooperativa y de esta manera lograríamos la representación del pueblo según cuestiones y no según fracciones.

Las empresas tendrian como objetivo contribuir al bien común y así se solucionarian los grandes problemas como el paro, la destrucción mediambiental, la corrupción de la política y la desigualdad entre Norte y Sur. Esto debe ser así porque el éxito de las empresas ya no se puede realizar a costa de la sociedad, de la justicia internacional o de la estabilidad ecológica. El éxito de la empresa debe estar vinculado a la mejora y resolución de estos problemas.

De esta forma la gente encuentra mucho más sentido en la actividad económica ya que esta no tiene como objetivo maximizar el dinero sino servir en todos los aspectos a los seres humanos y uno de estos aspectos fundamentales es dotar de sentido a nuestras vidas. Ya no trabajariamos 40 horas a la semana para recolectar dinero sino la mitad para tener tiempo para otros “trabajos” relacionales igualmente importantes: cuidado de niños, mayores o personas dependientes, desarrollo del propio potencial creativo y autoconocimiento y el trabajo político-social comprometido. Estas deberian ser formas de trabajo igualmente importantes al trabajo remunerado que actualmente es el predominante y nos impide participar en una visión holística del mundo.

 

– ¿Cómo puede una empresa tradicional iniciar la transición hacia la Economía del Bien Común?

Aceptando la invitación a una metamorfosis paulatina a medio o incluso largo plazo. La Economía del Bien Común es un proceso participativo que invita a la totalidad de las empresas a mirar cómo se estan comportando frente a los objetivos constitucionales de la economía que es la creación del bien común y los valores de la constitución. Desde la dignidad hasta la democracia.

Esto no se puede hacer de la noche al día; es un proceso de muchos años donde se debe ir mejorando hacia estos valores principales. De momento el instrumento con el que realizamos esta transformación empresarial describe 17 indicadores que contribuyen al bien común.

Una empresa puede mirar el primer año dónde está y luego, de año en año, aspirar a mejorar en los aspectos medioambientales, calidad en el trabajo, honestidad hacia los clientes, transparencia frente al lugar donde está y muchas otras cosas.

Muchas empresas están empleando el balance del bien común como un instrumento de desarrollo organizacional. Toman conciencia de la totalidad de las actividades que estan realizando y y les indica cómo se pueden colocar de forma más atenta, cuidadosa, responsable y considerada en el entorno en el cual actúan. Es un proceso de despertar.

Un ejemplo concreto de empresa de estas características es Sekem, una red de empresas egipcia que tiene en cuenta la responsabilidad en el entorno que acoge su actividad y compatibiliza el éxito económico y la expansión con el desarrollo holístico de la región en la que opera.

 

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