Entrevista a Douglas Tompkins, filántropo de la naturaleza salvaje

Douglas Tompkins falleció en accidente de kayak en Chile el pasado diciembre de 2017. Esta fue una de las últimas entrevistas que concedió.

Entrevista a Douglas Tompkins | Mancor. Mallorca

“Hemos desarrollado la civilización en la dirección equivocada”

 

Tras hacer una gran fortuna fundando las marcas de ropa deportiva The North Face y Esprit, decidió dar un giro en su vida y dedicarse a comprar enormes extensiones de tierra en Chile y Argentina, restaurarlas con especies desaparecidas y trabajar todo el entramado legal para, una vez regenerado el ecosistema, donarlo al estado como una zona protegida, como parque provincial o nacional. En los últimos 25 años sus fundaciones han adquirido un millón de hectáreas en Sudamérica y han aportado 300 millones de dólares a la filantropía.

Su método: compran – trabaja con su mujer, Kristine McDivitt, codo con codo grandes terrenos en lugares estratégicos para la protección de la naturaleza, y tratan de reconvertirlos en naturaleza virgen, mediante actividades de restauración y conservación. Su trabajo combina la conservación a gran escala de la protección de la vida salvaje y la biodiversidad, la recuperación de la tierra y la introducción de la agricultura orgánica. Después, aseguran legalmente la irreversibilidad de este procedimiento y donan las tierras a las administraciones a través de la Red de Parques Nacionales.

P – ¿Cómo podemos romper la dualidad entre el mundo empresarial y el ecologista?

Douglas Tompkins – El cambio climático es una crisis que afecta al 100% de la gente. Hay una separación entre ecologista y empresarios pero debemos ser todos ecologistas porque todos vivimos en un planeta que está en peligro. Es irónico hacer estas separaciones porque a los empresarios también les afectará el cambio climático. No es inteligente ganar un euro cuando estamos cayendo al abismo. El valor de un ecosistema es incalculable. Si destruimos el planeta donde vivimos tampoco habrá economía. O nos enfrentamos al cambio climático o desapareceremos. Quizá ya estemos desapareciendo…

 

P – Se define como filántropo. La filantropía no está muy extendida en nuestro país ¿Puedes explicarnos en qué consiste?

Douglas Tompkins – En América Latina y en España la filantropía es muy rara. Pero en Inglaterra y EE.UU. hay más tradición. Los filántropos son un grupo social a quien le gusta donar su riqueza al bienestar social. Es el paso de riqueza del sector privado al sector público. Pertenezco a ese grupo porque siento una obligación moral. Acumulé muchos recursos financieros y es un deber social de mi familia compartirlo. Me gusta comprar fincas destruidas y repararlas. Me produce mucha satisfacción.

 

P – ¿Por qué dejó sus empresas en medio del éxito?

Douglas Tompkins – Tras muchos años en la industria de la moda produciendo cosas que el mundo no necesita decidí trabajar en las cosas que me gustan. Abandoné una economía basada en un consumismo irrelevante que produce trastornos en el medioambiente.

El sistema corporativo de las multinacionales basa su empuje en que necesita más crecimiento y más recursos pero está topando con los límites de un planeta finito.

Ahora hago lo que me gusta: restaurar tierras para la recuperación de la biodiversidad.

 

– ¿Hecha de menos algo?

Tengo la sensación de que es un sueño de hace años. Ya no se si fue mi vida o un sueño.

Mi vida ahora es mucho mejor en calidad. No tengo teléfono móvil. Soy más organizado porque no tengo que improvisar mi organización a golpe de llamadas de teléfono móvil.

 

– Estamos en medio de una crisis sistémica ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

La crisis es producto de la interrelación de tres factores: la explosión demográfica, las megatecnologías y el consumismo.

Nuestros hijos vivirán peor porque los desafíos que van a heredar son muy grandes, como el cambio climático.

¿Es deseable tener 8.000 millones de habitantes en el planeta o 5.000? Es necesario, con justicia social, iniciar una transición para reducir la población en las próximas generaciones.

 

¿Quién ha sido más responsable el sector público o sector privado?

La culpa es de todos: sector privado, público e individuos. Estamos todos en un sistema que requiere crecimiento y consumo de recursos constantes y eso ya no es viable. Ha habido una falta de respeto a los límites de la naturaleza. Ha caído nuestra visión global en la que tomamos como modelo la máquina y no la naturaleza. La arrogancia humana nos ha llevado a desarrollar la economía al margen de la naturaleza. Hemos desarrollado la civilización en la dirección equivocada y ahora recibimos las consecuencias del sobredesarrollo. Hemos superado la capacidad de carga hace 20 años. Nuestra huella ecológica es demasiado grande.

 

– ¿Necesitamos un cambio de paradigma?

Nos falta conciencia del mundo natural vivo en el cual nos encontramos. Somos parte indisociable de él pero hemos perdido esa percepción y hemos superado los límites.

Debemos recuperar el sentido de interconexión y vernos como un subsistema vivo dentro de un sistema mayor. En el mundo que viene recuperar esa conexión será clave para sobrevivir.

Cuando hablamos de un cambio radical en el modelo económico, no es muy buena idea ir directamente a las soluciones. Estamos programados con un modelo económico y para cambiarlo hace falta un renacimiento total. Ello requiere un análisis sistémico en profundidad. Las soluciones deben salir de ese análisis. Necesitamos frenar y gastar más tiempo en el análisis antes de improvisar soluciones falsas. Tenemos poco tiempo pero una falsa solución nos hará perder más tiempo que hacer un buen análisis sistémico.

Para escalar una montaña debemos saber primero donde está la montaña.

 

Douglas Tompkins en Mallorca
Douglas Tompkins en Mallorca

 

– Por su palabras se intuye una apuesta por el decrecimiento

El crecimiento ad infinitum del consumo y la economía tienen que llegar a su fin. Vivimos en un planeta finito y los recursos son cada vez más escasos. Sobretodo los combustibles fósiles ahora que hemos alcanzado el pico del petróleo. Estamos chocando con los límites.

Falta visión. Tenemos una crisis de percepción. Hay limites pero nuestras economías están orientadas a un crecimiento sin fin. Estamos llegando al final de la abundancia de recursos. Hemos creado un monstruo voraz que come y come recursos. Es prudente y razonable frenar el crecimiento

En los últimos años hemos descubierto la fragilidad de la economía y la necesidad de reforzar la economía local. Es prudente pensar en otro paradigma en el que reducimos nuestros impactos y nuestra huella ecológica. Es absurdo querer mantener en movimiento todos los coches que hay con otra energía. Lo razonable es reducir el número de coches.

 

– ¿Está en contra del capitalismo?

Estoy en contra del capitalismo de las multinacionales que no entienden la conexión entre la economía y el mundo natural. Pero me gusta un capitalismo a pequeña escala.

Los estados debería prohibir la corporaciones agrícolas, el agrobussines. En EE.UU. en los estado de Iowa y Dakota lo han hecho. No es un sueño de socialistas locos y de hippies. Si los países siguieran este ejemplo cambiaría el perfil de sistema alimentario.

 

– Sus proyectos han estado plagados de polémica y ha recibido la oposición de diferentes sectores: propietarios, ciudadanos y gobiernos.

Hemos encontrado oposición de gente antiambientalista y ultranacionalistas que no están de acuerdo en que un extranjero compre tierras. Pero se callan cuando se dan cuenta de que donamos las tierras al estado a través de la Red de Parques Nacionales. Finalmente esas tierras son de soberanía argentina o chilena y de sus ciudadanos.

El acoso y presión forma parte de mi trabajo y lo llevo bien. Toda creación de un parque natural conlleva oposición y polémica. En EE.UU. hay 77 Parques Nacionales y todos han tenido oposición durante su creación pero son una gran idea. Mi único objetivo es proteger el patrimonio natural y promover buenas prácticas.

 

– ¿Qué tal se lleva con la tecnología?

El sistema nos obliga y si quieres ser activo y entrar en el choque entre naturaleza y economía estamos obligados a utilizar los mismos medios que destruyen el planeta. Es una paradoja. Los gobiernos, empresarios y la sociedad miran la propaganda del progreso y el crecimiento pero nadie muestra el lado oscuro de la tecnología. El 95% de la tecnología es perjudicial. La pregunta que debemos hacernos es ¿quién saca partido de la tecnología? Las grandes multinacionales que se están comiendo vivo el planeta, están 24 horas al día, 7 días a la semana usando la tecnología. Los movimientos sociales usan la tecnología para luchar contra las multinacionales pero éstas tienen toda la ventaja. Cuando apareció la televisión todo el mundo dijo “¡Qué maravilla. Esto va a cambiar el mundo!”. Y lo cambió pero para mal.

Para mantener contacto y para abrir conciencia utilizo Internet pero estoy obligado porque no hay otros medios. Es una tecnología de aceleración y acelera el procesos a través del cual las multinacionales destruyen la naturaleza y el mundo humano. Se acelera la contaminación de la biomasa, del aire, del agua, de los suelos… y el uso y consumo de recursos que están matando al mundo. Se ha acelerado la destrucción.

 

Las fundaciones de los Tompkins

Douglas Tompkins y su esposa Kristine gestionan 4 fundaciones (The Conservation Land and Trust, Fundation for Deep Ecology, Fundación Pumalín y Conservación Patagonia) que están al cargo de la conservación de 810.000 hectáreas de tierra. Desarrollan 12 proyectos de restauración y protección, de los cuales 2: el Parque Nacional de Corcobado y el de Monteleón ya son Parques Nacionales completados y entregados a los gobiernos de Chile y Argentina respectivamente. Todo ello, tras muchas batallas jurídicas y mediáticas.

En esa gran extensión de tierra salvaje que gestionan se encuentra la reserva privada más grande del mundo: el Parque de Pumalín, de 300.000 hectáreas que representa el 18% del territorio de la provincia de Palena en Chile. “Aunque parezcan extensiones muy grandes, -dice Douglas- comparadas con las dimensiones del planeta son minúsculas. Aunque si mucha gente toma nuestro ejemplo podemos cambiar la faz del planeta.”

 

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