Entrevista a Olivier Schulbaum, de Goteo Crowdfunding

“Vale más crear estructuras pequeñas más coordinadas y distribuidas que cambiar un modelo que cae”

 

Entrevista Olivier Schulbaum Goteo | Palma. Mallorca

 

La  ausencia de financiación por parte de los bancos y el recorte de las subvenciones públicas han provocado que la gente creativa que gente impulsa proyectos sociales, culturales o de innovación esté agudizando el ingenio y se apoye en su comunidad -el crowd-, para encontrar los recursos necesarios para desarrollar sus proyectos.

Olivier Schulbaum, emprendedor social, es uno de los fundadores de Goteo, una plataforma de crowdfunding (financiación colectiva)(aportaciones monetarias) y colaboración distribuida (servicios, infraestructuras, microtareas y otros recursos) desde la que se impulsa el desarrollo autónomo de iniciativas que contribuyan al desarrollo del procomún, el conocimiento libre y/o el código abierto.

 

P – ¿Por qué llamáis a vuestro enfoque “crowdfunding con ADN abierto”?

Desde el principio nos encontramos que el crowdfunding era un concepto limitado, para nosotros la clave es que la multitud pudiera financiar y hacer un seguimiento de los proyectos a lo largo de su producción, y que realmente, los miembros de la comunidad pudieran estar implicados en todo el proceso.

Cualquier miembro de una comunidad pueda aportar tanto pequeñas “gotas” de dinero, pero también su talento o capacidades a un proyecto.

De esta forma en Goteo combinamos el crowdfunding con el crowdsourcing, esa recurrida inteligencia colectiva, para que los proyectos mejoren. Nuestro objetivo es que no solamente mejoren proyectos individuales, sino que mejore todo el conjunto de la sociedad.

 

Olivier Schulbaum de Goteo durante un taller

 

P – Eso nos lleva a otro concepto que vosotros también manejáis y que forma parte de vuestra cultura: el Bien Común. ¿Qué tiene que pasar para que un proyecto que se realiza ayude a que florezca lo común?

Para poder decir, “soy un proyecto abierto”, “soy un creador abierto”, “soy un emprendedor social abierto”, hay que cumplir con tres reglas.

Primero, tiene que compartir recursos. Es decir que, mientras produzco un proyecto, éste debe estar total o parcialmente abierto, liberado, que comparta recursos tales como bases de datos, información o herramientas que se van generando. Si hablamos de software libre, se trata de los códigos, por ejemplo.

La segunda sería, trabajar desde organizaciones más horizontales que las que tenemos hasta ahora. Más horizontales significa más transparentes. Esto es un reto para las ONG´s en el emprendimiento social. Es decir, como se pueden producir datos abiertos que puedan servir a otros y también dejar saber a quién me apoya cómo me gasto el dinero, y cómo esa economía que creo puede también ayudar a otras organizaciones a crear su propia economía alrededor.

Y la tercera condición, tiene reforzar ese pro-común o generar nuevos comunes. Nuevos territorios, digitales o físicos, que puedan dejar a cualquier comunidad participar de ello y mejorarlo.

La Premio Nobel de Economía Elinor Ostrom y muchos otros teóricos han estudiado muy bien que son los pro-comunes. La comunidad interesada en compartir un recurso, debe primero identificar dicho recurso: un río, un bosque, una plaza pública, un software abierto, una empresa social… En segundo lugar debe haber una comunidad interesada en que ese recurso crezca, y el tercer elemento, el más importante, es la “gobernanza”. Se necesitan un conjunto de reglas para hacer saber a la comunidad cómo utilizar ese recurso y hasta dónde se puede llegar en su explotación, siempre desde la óptica del bien común. En ningún momento nadie puede ponerle muros alrededor para explotarlo individualmente. La gestión de un recurso pro-común siempre está enfocada a generar beneficios para toda la comunidad.

 

– El sistema en el que estamos la creación de empleo es secundaria, el Bien Común es secundario porque las empresas tienen una única finalidad conseguir beneficios. ¿Es una alternativa el “ADN abierto” al “ADN del egoísmo”?

Son procesos en paralelo. Los objetivos de la economía de los bienes comunes o del bien común no es sustituir lo que hay. Pero en un momento por la fuerza de la masa crítica y con los indicadores que van saliendo por sí solos, de impacto social, de nuevos tipos de empleo, de nuevos tipos de organizaciones más horizontales, más distribuidas, más co-productivas, que no compiten sino que colaboran, acabará por transformar el sistema.

 

– Da la sensación que con las redes sociales la psicología de la comunidad nos está transformando. Ahora somos individuos pero también miembros del grupo o la comunidad. ¿Nos hace más solidarios?

Lo que estamos viendo es que proyectos que han sido apoyados, al día siguiente apoyan a otros; que prestan sus capacidades a otros.

Hay mucha solidaridad, que tiene mucho que ver con los protocolos “p2p”, ese sistema de intercambio de datos entre personas, está basado en la economía del regalo y donde las reglas están claras. Una economía donde cuanto más comparto más acceso tengo a recursos.

No quiero hacer ninguna apología. No es una filosofía, ni una psicología totalmente perfecta, pero sí que tiene que ver con que detrás de la tecnología, por ejemplo, detrás de la atomización en un sistema “p2p”, donde mi archivo está multiplicado o atomizado en muchas pequeñas partes, muchas semillas, donde la gente pueda ir bajando una película mientras yo la estoy bajando igualmente puede existir un protocolo para tomas de decisiones colectivas en una cooperativa, por ejemplo.

En la economía solidaria, las estructuras como las cooperativas también puedan ser mas cooperativas, más transparentes, hoy comparto mañana recibo… Si aplicamos las dinámicas de red se pueden mejorar procesos que se llevan desde lo muy local. Por ejemplo la red permite sea miembro de una cooperativa sin asistir a una asamblea regular.

Esos “puentes” se tienen que crear de una manera natural, no forzada; obviamente la tecnología no es un fin en sí, es un medio.

 

– ¿Crees que hay una alternativa a la economía de mercado para el siglo XXI?

Ya hay iniciativas que están creciendo y que tienen que ver con el mercado social, la economía solidaria, la economía del bien común, la economía  “opensource“. Si trabajan las tres economías  juntas en los objetivos que son comunes, como el bien social o la inserción laboral, podemos llegar a crear una alternativa viable, pero eso solo funcionará si creamos nuevas estructuras, nuevas organizaciones más abiertas que tengan ese ADN abierto y de responsabilidad social y basadas en compartir recursos.

Creo que vale más crear estructuras más pequeñas, mucho más coordinadas y mucho mas distribuidas, que intentar cambiar un modelo que cae por su propio peso.

Debemos crear otras organizaciones desde otra perspectiva y crear una economía mucho mas distribuida, y para esto necesitamos nuevas estructuras más pequeñas, más coordinadas y más transparentes capaces de generar nuevos recursos compartidos. Tenemos que crear pro-comunes digitales nuevos que puedan ser accesibles a través de Internet. También es necesario , que podamos aprender de economías que se crean en otros lugares del mundo.

Debemos tener comunidades muy preparadas y la inteligencia colectiva en la red puede ayudar a esas dinámicas, para poder gestionar en común esos nuevos recursos y necesitamos establecer reglas basadas en la transparencia y apostar, definitivamente, por otros modelos libres de distribución y producción, opuestos a los actuales basados en patentes y en derechos de autor que la economía tradicional nos intenta imponer. Son esas tres cosas las que debemos trabajar muchísimo.

 

– ¿Qué ha aportado Wikileaks?

Tiene mucho que ver que desde la ciudadanía se ejerza el derecho al acceso de información y también a vigilar a que ese acceso a la información sea respetado. Para eso el aspecto positivo es que sabemos que existen organizaciones que pueden llegar a tirar de ese hilo y obtener la información que muchos de nosotros pedimos. También podría ir acompañado de otro modelo, por ejemplo, www.tuderechoasaber.es. Una web dónde se hacen peticiones desde la ciudadanía a la administración pública, intentando que ésta responda de una manera no automatizada. En este caso no se trata de tirar del hilo de lo escondido, sino de establecer protocolos desde la ciudadanía que hagan que la administración pública se vea forzada en liberar esos datos, que debía liberar de todos modos, porque están pagados por el dinero público.

Necesitamos un poco de hacking jurídico y hacking de la información, un poco como Wikileaks, o sea, obtener de la fuente escondida, pero también necesitamos establecer protocolos de ida y vuelta entre la ciudadanía y la administración pública y la empresa privada, en segunda fase, para que haya un flujo de “yo te doy y tú me das”, que llegue a ser una norma.

 

¿Qué te parecen los modelos de Twiter y Facebook que tanto nos están transformando?

Twiter no tenía modelo de negocio cuando se creó y no sé si todavía lo tiene. Facebook lo tenía desde el principio muy claro: vender los datos que generamos. O sea, mientras generamos esas nuevas relaciones en red o compartimos gustos, estamos compartiendo información valiosa para quien se ha inventado ese ecosistema.

Debemos ser conscientes de que nos vendemos al utilizarlas, no es un servicio gratuito, ya que renunciamos a una serie de libertades y hay que ser consciente de ello. Mi reproche es que, a veces, no lo tenemos claro, dejan mucho que desear en transparencia.

 

Goteo

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