Entrevista a Vandana Shiva, física, filósofa y activista india

“Necesitamos un cultura global de diversidad y autosuficiencia.”

 

Entrevista a Vandana Shiva | Mancor. Mallorca

Vandana Shiva es una guerrera pacífica de nuestro tiempo. Personifica una hermosa unión de tradición y modernidad. Una síntesis entre mente racional y corazón que siente. Ataviada con un precioso sari hindú de seda, de pasos sigilosos, ojos grandes como globos y sonrisa traviesa, es una de las voces que con más fuerza está denunciando los excesos y las injusticias que la globalización económica y la comercialización de necesidades humana básicas está provocando entre los más desfavorecidos. Ella, aferrada a la pasión que nace de la verdad, se ha plantado frente a la gran maquinaria de las multinacionales y ha destapado todas sus mentiras y ha señalado con el dedo acusador el expolio que están haciendo sobre millones de seres humanos. Denuncia que la “globalización económica es un plan para extinguir las libertades de las personas mediante un control total por parte del comercio, la tecnología y los derechos de la propiedad. Libertades fundamentales como la libertad de los ríos para que fluyan y los organismos evolucionen, la libertad de los agricultores para almacenar semillas y cultivar los campos, la libertad de los consumidores para elegir libremente lo que comen y para saber cómo se produce su comida están siendo sustraídas en nombre del “libre comercio de los ricos”.

Vandana Shiva es un referente mundial del movimiento que propone una globalización alternativa. Es una guerrera pacífica que lucha contra la injusticia, la insostenibilidad y la codicia que capitanean en este momento el proceso de globalización económica que está experimentando el mundo. Señala los nombres propios de los causantes de la miseria en el tercer mundo: multinacionales como Coca-Cola o Monsanto entre otras, e instituciones a su servicio como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio.

La labor de Vandana es multidimensional: como filósofa genera ideas y alternativas cercanas a la naturaleza y al equilibrio para que podamos llevarlas a la práctica y crear sistemas de vida más humanos. Como activista se ha convertido en la “guardiana de las semillas” y “la voz de los agricultores”.

Cuando descubrió que las multinacionales de la industria alimentaria querían patentar las semillas y cobrar a los agricultores para que puedan sembrar dio un golpe en la mesa e inició una largo camino de lucha para dar voz a los campesinos. Insiste en que tenemos que indignarnos ante las injusticias porque no hacerlo es ser partícipes de ellas.

Frente al totalitarismo que se extiende y que no deja espacio a la diversidad, a las pequeñas granjas y culturas, propone una alternativa: la Democracia de la Tierra. Que consiste en dar prioridad a la ecología sobre el comercio; reconocer el derecho de todos los seres humanos a comida y agua como un derecho de nacimiento, que no puede quitarse. También aboga por crear democracias vivas, y no democracias muertas o minusválidas que permiten que los gobiernos vayan a la guerra o cedan sus economías a empresas en contra de los intereses de sus gentes.

 

Pregunta – Hay mucha gente escéptica que piensa que no se puede cambiar este sistema basado en la injusticia ¿Crees que es posible?

 

Creo que hay dos niveles en los que se producen los cambios. El primer paso para el cambio se produce en nuestra cabeza. Mientras nuestra mente está ocupada con estructuras dominadoras y colonizadoras, estamos dando nuestro consentimiento silencioso y no estamos contribuyendo a construir las alternativas. Si no cambiamos nuestra forma de pensar en nuestra acciones cotidianas, sostenemos el sistema. A nivel de trabajo práctico, no sucede igual que en nuestra cabeza, los sistemas no se pueden cambiar automáticamente. En el mundo material, los cambios necesitan acciones concretas. Estas acciones específicas pueden parecer muy pequeñas, pero cuando están hechas con dedicación y se multiplican, provocan cambios grandes. Cuando alguien le dijo a Gandhi riéndose: “¿Crees que puedes derrotar al Imperio Británico con una rueca de hilar?”, él contesto: “Es lo único que puede hacerlo. Porque si lo intentamos con la violencia, ellos siempre tendrán cañones más grandes. Pero algo tan pequeño como una rueda de hilar es poderoso justamente porque es pequeño. Todo el mundo puede tener una rueca de hilar en su casa, y todo el mundo se puede implicar en el cambio”. Yo creo que este es el cambio de mentalidad que necesitamos porque la mayor parte de los movimientos violentos de protesta tratan de imitar la grandeza del dominador. Pero los cambios no-violentos requieren la celebración de la fuerza de lo pequeño.

 

P – Un problema que parece aquejar a los movimientos sociales es que muchas veces dan la sensación de que no concretan sus objetivo. Has citado a Gandhi, él lo tenía muy claro, quería que se fueran los ingleses de la India. En la actualidad hay tantos frentes abiertos que da la sensación de qué nos dispersamos demasiado y esto impide el cambio real.

 

Las fuentes de los problemas parecen ser muchas, pero sus patrones de dominación son los mismos. Así que hemos de empezar por concentrarnos en la unidad de nuestras vidas en vez de la multiplicidad de las fuerzas destructivas.

Creo que los británicos sólo tenían un tipo de interés de colonizar en aquella época: el algodón. Para conseguirlo y controlarlo tenían que explotar a muchos seres humanos, fue entonces cuando Gandhi se puso a hilar. Pero lo que ocurrió con la industria textil en aquel momento de la historia está ocurriendo en todos los sectores ahora mismo. Nuestras formas de saciar la sed y de comer están cambiado. En este momento, quizá no tenemos la suerte de poder dirigirnos solamente a los británicos para decirles que dejen de explotar la India como hizo Gandhi, pero políticamente y en la práctica tenemos la posibilidad de citar muchos grandes multinacionales que están explotando a seres humanos como Coca-Cola o Monsanto.

 

P- Pese a que nuestro sistema económico está dando señales de que es totalmente insostenible y que no puede seguir a este ritmo durante mucho tiempo, los habitantes del Tercer Mundo parece que quieren imitarnos y seguir la senda del consumismo ¿Qué les podemos decir?

 

No creo que las comunidades rurales por todo el mundo estén muriéndose de ganas por tener un MacDonald’s. Los agricultores de algodón de la India no se mueren de ganas de plantar algodón transgénico. De hecho se está generando mucha violencia para hacerles cambiar sus sistemas sostenibles por otros insostenibles. Uno de los mayores temas con los que estoy tratando ahora mismo es el desarraigo forzado de los campesinos de la India. En realidad, los suicidios de los campesinos se podrían ver como una forma de transferir las tierras de los pequeños agricultores a las manos de las grandes empresas e industrias. La globalización implica que las corporaciones se quieren acoplar en países como la India. Las reglas del comercio internacional se han cambiado para permitir que lo hagan. Las multinacionales que quieren construir su base en las afueras de Nueva Delhi no van a un agricultor y le dicen: “dame tu propiedad, quiero construir mi base aquí”. Usan los gobiernos para apropiarse de las tierras a través de la fuerza, para conseguir tierras mucho más baratas de lo que vale la propiedad en el mercado y luego crean unos territorios en los cuales no tienen que pagar impuestos, no tienen leyes laborales ni normas medioambientales. Tienen derecho a contaminar, a explotar a los trabajadores y a tomar de la sociedad sin devolver nada. Muchos campesinos se están suicidando por este motivo. No están diciendo que quieren dejar de ser campesinos, dicen que quieren seguir siendo campesinos pero no explotados.

Creo que es un error de interpretación pensar que las sociedades tercermundistas quieren abandonar sus formas de vida, más bien están siendo forzadas a abandonarlas. Además, este proceso está respaldado por grandes campañas de publicidad. Si nuestros hijos quieren zapatos de Nike y tienen que robar para conseguirlos, creo que podemos afirmar que no son nuestros hijos los que están cazando los zapatos Nike, sino que son los zapatos Nike que están cazando a nuestros hijos.

 

P- ¿La solución pasa por dejarles en paz?

 

Creo que si dejamos a la gente actuar por ellos mismos, sin desarraigo agresivo y sin la publicidad agresiva, tomarán decisiones básicas hacia la creación de más sostenibilidad, más justicia y en consecuencia una sociedad mejor y más pacífica. Entonces, todo el mundo trabajará al compás de sus limitaciones ecológicas y eso significa vivir en paz con la Tierra, sin destrucción. Significa tener una cultura en la que se defina el consumo de forma que sostenga esta forma de producción sostenible. Vivir con tus propios límites es también vivir sabiendo que esta es la mejor forma de vivir. En el corazón de este problema está el no sentirse inferiores porque la publicidad global no está vendiendo un producto, está vendiendo un sentimiento de inferioridad.

Acabo de acordarme de mi madre que me enseño una lección maravillosa. Cuando yo tenía seis años se vieron por primera vez las telas fabricadas a partir de los carburantes fósiles, como el nylon. Eran muy feas, pero se presentaban como algo muy nuevo. Todas mis amigas del colegio vestían prendas de nylon para las fiestas. Mi madre me preguntó qué quería para mi cumpleaños, y le dije que una prenda de nylon. Me dijo que si lo quería, me lo compraría. Pero que cuando me lo pusiera debía pensar que esta prenda acababa de permitir a un empresario regalarle a su suegra un fular. En cambio si vestía un sari tradicional, permitía a una madre en un pueblo dar comer a su bebé. Estoy segura que si mi madre me hubiese dicho: “tienes que vestir un sari”, yo llevaría una prenda de nylon. Pero me permitió pensar en todo el proceso. Yo siempre he encontrado la belleza en las cosas hechas a mano, porque es una forma de educación. La sostenibilidad es una forma de educación. Necesitamos un cultura global de diversidad basada en la autosuficiencia.

Vandana Shiva en Mallorca.

 

P- Cuando se toma conciencia de los desequilibrios que existen entre las diferentes zonas del planeta, de la miseria y explotación que nuestro bienestar económico ocasiona a otras personas, es muy probable que esto genere mucha ira ¿cómo podemos gestionar este sentimiento adecuadamente para que no desencadene más violencia?

 

Toda esa indignación que nace de los sistemas no sostenibles e injustos se puede convertir en el fertilizante para hacer una actividad orgánica y creativa. Hay que utilizar la ira como compost. Creo que no indignarse por un sistema medioambiental destructivo es formar parte de ello. Pero esta indignación se puede utilizar para crear alternativas. Creo que la creatividad está tanto en la resistencia cómo en la convicción. Por eso, para mí, Gandhi ha sido una inspiración constante sobretodo cuanto más difícil se pone una situación. Él convirtió la indignación en desobediencia civil pacífica. Siempre decía que no hay que sentir odio por la gente, simplemente no había que apoyar la destrucción desde las instituciones. Por ejemplo, yo estoy totalmente en desacuerdo con la Coca-Cola pero cuando un representante de la empresa habla conmigo, es un ser humano digno de mi respeto absoluto. No es suficiente decir no a un sistema violento y destructivo. La mayor responsabilidad es hacer el esfuerzo de proteger o crear la no-violencia. Por eso cuando hablo de reinventar el trabajo, me refiero a reinventar la creatividad humana. En este momento, miles de campesinos se están suicidando en India por la intervención de las multinacionales. Están destrozando su sistema de cultivo y su forma de vida. Una de las cosas que estamos haciendo es repartir semillas como alternativa a las semillas modificadas genéticamente que están introduciendo las multinacionales. Para que los agricultores puedan salir de la agricultura química y entrar en la agricultura ecológica. Mi sueño es conectar todo el proceso de la vida. Recorrer todo el camino desde la semilla, al algodón, al hilo, a la tela y al final una prenda. Gandhi apoyaba esta forma de ver las cosas. Él creía en hacer un trabajo creativo y sostenible. Para mí, desarrollar un banco de semillas es como hilar en la rueca para Gandhi. Lo mismo que para otra persona lo puede ser el hacer casas sin cemento. En todos los campos hay una alternativa a la violencia.

 

P- Hablas de la llegada de las multinacionales a la industria de la alimentación. ¿Puedes dar más detalles de la amenaza que esto supone?

 

La multinacional Monsanto se ha convertido en la mayor empresa de semillas del mundo. Hace unos 20 ó 30 años, sólo se dedicaba a fabricar el tipo de químicos que se emplearon en la guerra del Vietnam. Esto forma parte de la tragedia de la agricultura: aquellos cuya única especialidad es matar, ahora están desplegando sus conocimientos en los campos en los que cultivamos la vida. Ellos dominan la ingeniería genética que puede implantar genes de seres humanos dentro de plantas y animales, o genes de virus y bacterias en las plantas. Desgraciadamente, como esta no es la forma de reproducción habitual de las plantas, sólo hay dos formas de hacerlo. Puedes disparar el gen con una pistola de genes y no sabes en qué parte del organismo se va implantar este gen. Dado que hay inteligencia en la forma en que la vida se organiza, hay diferencia si el gen aterriza en un sitio u otro del genoma. El segundo tipo de introducción consiste en infectar con un tipo de cáncer a la planta. Es evidente que ambas técnicas son indeseables para la planta que vas a comer. Como no sabemos cómo ni dónde se absorbe el gen, hay que hacer otras cosas a la planta. Una de ellas es poner marcadores de resistencia antibiótica en cada célula de la semilla. Esto ayuda a saber si el gen nuevo se ha absorbido o no. Es una tecnología muy basta e ineficaz Además, para evitar el rechazo y aumentar la adaptación, se utiliza algo llamado “promotores”, que son virus muy virulentos. Ésta es la comida normal producida por la ingeniería genética.

 

P – ¿Cómo puede ser que algo tan burdo y peligroso esté colándose en nuestra alimentación?

 

Nuestra libertad de elegir sobre la alimentación está siendo sustituida por la libertad de Monsanto de vender sus semillas. El 97 % de las semillas transgénicas en cualquier lugar del mundo, las vende Monsanto. Nadie quiere este producto, pero están encontrando nuevas formas de imponerlo. Una es las reglas del comercio, y la otra es las leyes de las patentes de propiedad intelectual. Y esto es algo que siempre he sentido acerca del poder dominante: viene de una profunda inseguridad. Monsanto usa las leyes para poner patentes en las semillas, ha comprado todas las empresas de semillas, y aun así se siente inseguro. Entonces ahora quiere hacer semillas que son estériles, para que ningún agricultor pueda recoger semillas de su cosecha. Esto es lo que se puede llamar “tecnología Terminator”. En las semillas transgénicas, cuando la planta crece y se forma el embrión, la planta desprende una dosis de toxina para matar el embrión. Así que tendrás el trigo, pero cuando lo vuelvas a sembrar, no saldrá una planta. Pienso que la vida de la comida es esa posibilidad que tiene de germinar. La germinación de la semilla es la expresión más alta de la vida. Tener miedo de la germinación es la más absoluta expresión de temor y de la violencia generada por este temor.

 

P – ¿A qué se debe que el ser humano se haya alejado tanto de la naturaleza que le ha dado la vida y haya entrado en guerra con ella?

 

Yo creo que el tipo de filosofía y visión mundial que ha nacido de la sociedad industrial y capitalista se basaba en el concepto de que la naturaleza está vacía y que la naturaleza es una materia muerta. Esto era absolutamente esencial porque si la intención era violar la tierra y explotar la naturaleza, tenías que convencerte que ya está todo muerto de todas formas, porque solo así no había que pensar en el daño que se hacía. Separar la vida de la naturaleza fue el primer paso en el camino hacía la destrucción. Cuando se trata la relación básica con la tierra, todas las culturas campesinas consideran que la tierra está viva y es una madre. Si la Tierra es un ser vivo, inteligente y organizado, ¿cuál es el problema de estar asociado con ella? Porque es una asociación de creatividad, es una asociación de superinteligencia.

 

P – Tenemos instalado el pensamiento de que el dinero es la solución a la pobreza, pero en muchas ocasiones es el dinero quien genera miseria.

 

He vivido en contextos en los que la vida está lo más evolucionada posible, sin ningún tipo de transacción de dinero. Las comunidades crean su riqueza, su belleza, cuidan sus ecosistemas y dejan que los ecosistemas les den todo lo que necesitan. Arroyos limpios significan buena salud, bosques prósperos significan que todas las necesidades están cubiertas, tierras fértiles significan comida abundante, ¿para qué necesitas dinero? Es la introducción del dinero en la sociedad lo que provoca el comienzo de la pobreza y la depravación. La primera cosa que hace el dinero es que la gente abandona su riqueza verdadera. El dinero crea la pobreza porque para crear más dinero con las inversiones, tienen que destruirse los ecosistemas. Hay que cavar más minas para el carbón, el diamante, etc. La industria de las minas se enriquece pero las personas impactadas por las minas se empobrecen. Los campesinos pierden sus tierras por la llegada del dinero. El dinero les trae fertilizantes y nuevas semillas, los campesinos no tienen el dinero suficiente para utilizarlos y se endeudan, y todos se empobrecen por culpa del dinero. Los que están en el sistema monetario se empobrecen también por los créditos. Hasta en los EEUU donde toda la riqueza está basada en deudas. Y los que no están en el sistema del dinero también se empobrecen porque les arrebatan su verdadera riqueza, la naturaleza.

 

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