El testamento incumplido de Llucalcari

El Centro Cultural cedido a Deià por los artistas Joan Junyer y Dolors Canals nunca vio la luz

Reportaje | Llucalcari. Deià. Mallorca

Han pasado más de dos décadas desde que el 8 de febrero de 1994,  Joan Junyer (Barcelona 1904-1994) y la pedagoga Dolors Canals (Barcelona 1913-2010) donaran un importante patrimonio artístico e inmobiliario a la Comunitat Autònoma de les Illes Balears para que pusiera en marcha un centro para jóvenes artistas.

En la cesión se contabilizaban una selección de dibujos, gouaches, esmaltes y las pinturas pertenecientes al matrimonio siempre que tuvieran relación con Mallorca que venían acompañadas de varias propiedades con una extensión de 12.000 metros cuadrados, todas ellas en el núcleo del romántico y cotizado llogaret de la costa de Deià.

Dos décadas después, el legado del matrimonio catalán ha sido expoliado y abandonado.

A cambio de la donación, el Conseller de Cultura i Esports de la época, Bartomeu Rotger, y su director general, Francesc Romero, aceptaron tres condiciones planteadas por el matrimonio Junyer y Canals. A saber: La primera condición consistía en que aquellas casas donadas, debían ser acondicionadas para acoger el Centre Cultural de Llucalcari, “un espacio vivo donde se ofrecerían cursos y talleres para artistas”. Este punto Joan y Dolors lo habían madurado mucho juntos y ella, responsable de llevar la donación a puerto, tras la muerte de su marido, lo expresaba claramente: “no será un lugar estático, en el que sólo se hagan exposiciones o se pueda visitar, sino que se pretende crear algo más dinámico y participativo para favorecer a jóvenes creadores”.

La segunda condición estipulaba que la rehabilitación de los edificios debía hacerse “respetando el carácter arquitectónico y el entorno paisajístico y medioambiental de Llucalcari”, hecho que posibilitaría uno de los deseos de Joan y Dolors para el lugar: permitir a los artistas que pasaran por el nuevo centro cultural la posibilidad de reconectarse con la naturaleza, tal y como ellos mismos habían hecho durante sus numerosas estancias en Mallorca.

La tercera condición del matrimonio donante debía garantizar que tras la muerte de ambos, sus cenizas fueran depositadas en el jardín de Llucalcari, junto a la obra póstuma que el mismo Joan Junyer había diseñado, poco antes de morir, a modo de epitafio.

No era el primer gesto generoso de la pareja. Años antes, en 1977, acordaron donar la Casa del Consolat de Dinamarca de Vallcarca, su residencia en la Ciudad Condal, a la Diputación de Barcelona. La propiedad ahora está en manos del Ayuntamiento de Barcelona que aún debe buscarle un destino cultural.

 

Dolors Canals firmando el acuerdo que nunca se cumplió con las autoridades de Govern Balear

 

Día de Sant Joan de 1994

En Mallorca, el acuerdo alcanzado entre Dolors Canals y el Govern Balear no se cumplió. Tras la muerte del pintor, los responsables de Cultura del Govern Balear aceptaron la donación. Convocaron a la prensa, se hicieron fotos con la viuda y anunciaron solemnemente el inicio de las obras del futuro Centre Cultural de Llucalcari.

 

Noticia sobre el Centre Culturañ de Llucalcari publicada en el Diario Baleares.

Hubo palabras de agradecimiento y homenaje; al tiempo que se anunciaron promesas que no se cumplirían jamás. Por ejemplo, el director general de Cultura, Francesc Romero, anunció a la prensa que la remodelación de los edificios donados se pondría en marcha inmediatamente y que estaría lista “en 1996 o antes porque no son unas obras ni complicadas ni costosas”.

La comitiva visitó la casa donada por el matrimonio “repleta de cuadros y objetos personales” (que después serían expoliados) y el acto se cerró con un poco de ball de bot para señalar la importancia de las danzas mallorquinas en la obra de Joan Junyer.

El falso anuncio -las obras jamás comenzaron- se hizo en una emotiva ceremonia celebrada el 24 de junio de 1994, día de Sant Joan, onomástica del pintor. Delante de Es Taller Imprempta de Llucalcari se dieron cita el conseller de Cultura, Educació i Esports del Govern Balear, Bartomeu Rotger i Amengual, el director general de Cultura, Joan Francesc Romero, el alcalde de Deià, Fracesc Sales, el director de la Fundació “La Caixa” de Balears, Jaume Martorell y la propia Dolors Canals. Durante el acto, la viuda y el conseller colocaron simbólicamente dos piedras, una negra y otra blanca, que los propios Joan y Dolors habían escogido.

 

Noticia sobre el Centre Cultural Llucalcari publicada por Diario de Mallorca

Al día siguiente las secciones de cultura de los periódicos se hicieron eco de la noticia con gran despliegue: “El Centro Cultural de Llucalcari, en marcha” se atrevió a titular el reportero más optimista que acudió a cubrir la ceremonia. Dolors Canals aparecía en las fotos de ese día emocionada. Aún ignoraba la profunda decepción que le provocarían en los años sucesivos los políticos que le acompañaban.

Después de que se colocaran simbólicamente las dos primeras piedras, no se movió ni una más. Las obras nunca empezaron y la viuda de Joan Junyer tuvo que dedicar los últimos seis años de su vida a instar, infructuosamente, a los sucesivos consellers de Cultura del Govern Balear para que cumplieran su parte del trato.

En los últimos meses antes de morir, Dolors, ya era pesimista al respecto, sospechaba que aquellos inexplicables incumplimientos y retrasos por parte de los políticos eran una “posición deliberada”. “El incumplimiento del contrato firmado por el Govern Balear no beneficia a nadie. Estamos justo a tiempo de evitarlo”, le dijo Dolors al recién nombrado Conseller de Cultura, Damià Pons, el 27 de julio de 2000.

Después de la inoperancia sobre el asunto demostrada por el equipo de Bartomeu Rotger, la viuda de Junyer tenía la esperanza de que los nuevos responsables políticos del primer ‘pacte de progrés’ agilizaran la reforma y apertura del centro cultural pero su repentina muerte le impidió constatar que la desidia continúa hasta hoy. El hecho cierto es que no existe el Centre Cultural de Llucalcari y es también notorio que el patrimonio donado por Joan Junyer y Dolors Canals ha padecido en las últimas dos décadas el abandono y el expolio.

La última pintura dempeus de Joan Junyer

¿Hubo una “posición deliberada” para retrasar la puesta en marcha del centro cultural como sospechaba Dolors Canals en sus últimos meses de vida? Es difícil saberlo. Lo cierto es que sólo se cumplió parcialmente una de las tres condiciones aceptadas por el Govern Balear en el acuerdo de cesión: que las cenizas de Joan Junyer reposaran en las casas de Llucalcari. (Si es que no han sido saqueadas). Y no hay constancia de que las cenizas de Dolors descansen junto a las de él, tras su muerte en 2000, tal y como dejaron estipulado en el acuerdo de donación.

 

Boceto de la casa cecida por Joan Junyer Y Dolors Canals, realizada por la mano ella

 

Tampoco se sabe nada -salvo que no existe- de la pintura empeus que dejó proyectada Joan para ser erigida en el jardín del Centre Cultural de Llucalcari a modo de epitafio. De poco sirvió que el artista dejara claros y dispuestos los documentos preliminares, la maqueta, las instrucciones de ejecución y la ubicación de la obra.

Si se hubiera materializado, sería la última de sus pintures empeus, –free standing paintings, un género propio que supuso la culminación de su obra. Eran creaciones que combinaban color, volumen y el esmalte vitrificado sobre planchas de acero. En “La Font”, “Parella” o “Dona dreta” consiguió su meta artística: que las figuras escaparan por fin de la prisión del marco y se colaran en las tres dimensiones. Había dedicado toda su vida a lograr liberarlas.

Probablemente ya no sabremos nunca como sería la obra póstuma que Joan Junyer proyectó a los noventa años para coronar su sueño en Llucalcari. En todo caso merece la pena recordar quienes fueron Joan y Dolors porque, al igual que ha sucedido con su patrimonio, corren el peligro de caer en la desidia y, lo peor, el olvido. La exposición “Joan Junyer. De les danses mallorquines al Museu d’Art Modern de Nova York”, comisariada por Isabel Casanellas y Fina Duran hizo el esfuerzo de detallar la trayectoria artística internacional de Joan Junyer.

 

 

De la Festa a Mallorca al MOMA de Nueva York

La trayectoria artística de Joan se inició en Mallorca. En sus primeros cuadros supo captar el movimiento contenido de las danzas populares de la isla. Su primera exposición tuvo lugar en 1925 en la galería Costa de Palma. Al poco tiempo se muda a París para dar mayor proyección a su obra. Allí cuenta con el apoyo de Pablo Picasso, amigo de la familia. Años después, Joan quiso devolverle el aprecio al malagueño invitándole junto a su familia a pasar un verano en Mallorca, visita que pese a haber sido planificada no llegó a producirse.

La estancia de Joan en París fue provechosa y su obra “Festa a Mallorca” consiguió un premio del Carnegie Institute el año 1929, hecho que le consolidó como algo más que una joven promesa y abrió, para él y su obra, las puertas de prestigiosas galerías de Europa y Estados Unidos y encargos de compañías de danza para que creara la escenografía.

Joan y Dolors se conocieron en 1936, en una exposición de arte gótico en Barcelona. Desde aquel día compartirían el resto de su vida juntos. Ambos provenían de familias burguesas acomodadas y compartían el amor por el arte y un profundo idealismo humanista. Sus primeros meses de noviazgo coincidieron con la Guerra Civil. Por aquella época, ella tenía un proyecto educativo entre manos, la creación de guarderías de guerra para niños y niñas 0 a 6 años, pero la represiva España se hizo irrespirable para la joven pareja de ideas modernas y liberales por lo que decidieron instalarse juntos primero en París y luego en La Habana.

La creación constante de Junyer no parece haberse visto afectada por la sordera que padecía desde los seis años, aunque seguramente debió influir en su forma única y original de plasmar el movimiento de la danza. Tampoco parece que su sordera le impidiera tener un fructífera vida social a lo largo de toda su vida. Entre sus amigos, además de Picasso, también estaban Robert Graves, James Joyce, Alejo Carpentier, LeCorbuisier, Josep Lluis Sert, Ernest Heminway… quienes le tendieron la mano en algunos momentos amargos del exilio.

A mediados de los años 40, la pareja asume que el exilio va para largo y consiguen instalarse en Nueva York, ciudad que se convirtió en su base hasta la muerte de Franco. La gran manzana fue un lugar propicio para que Dolors pudiera retomar su investigación científica sobre la importancia de la libertad y el movimiento en la primera infancia, publicó artículos con proyección internacional y durante casi una década tuvo en antena un programa de radio de divulgación pediátrica.

Allí, Joan, trabajó realizando escenografías para obras de danza. La celebrada “Minotaure”, estrenada en 1947, permitió a Junyer mostrar al máximo sus innovadoras aportaciones al mundo de la danza desde la pintura. Durante aquellos años, sus creaciones despertaron el interés de los grandes museos, incluso el MOMA de Nueva York ofreció una muestra individual con la obra del pintor catalán.

Los años siguientes la pareja viaja a Suecia donde él profundiza en el trabajo con las planchas de acero y los procesos industriales necesarios para ejecutar sus free standing paintings y ella establece valiosos contactos para sus estudios sobre educación.

 

El Jocs Florals de 1951

Fueron años de intenso trabajo y reconocimiento internacional, pero también de exilio. Pese a vivir en Estados Unidos, Dolors y Joan, siempre mostraron vivos sus sentimientos de pertenencia a la cultura catalana dispersa por el mundo como consecuencia de la Guerra Civil y la dictadura posterior. Demostraron su compromiso en 1951 cuando hicieron algo insólito en Nueva York: la organización de unos ‘Jocs Florals’ donde se ensalzaron la cultura y lengua catalanas. El pintor fue el presidente de la comisión organizadora y Dolors Canals la secretaria encargada de los contactos internacionales. El celebre violonchelista, Pau Casals, fue el presidente de honor e hizo llegar, desde su exilio en Francia, una grabación que pudo ser escuchada en la Biblioteca Pública de Nueva York. Aquellos días de reivindicación y celebración de la cultura catalana, Joan Junyer tomó la palabra para explicar en un discurso el espíritu que le había movido a organizar el evento:

I , què és el que hem fet tots plegats? Un acte de fe i de persistencia en la nostra cultura, germana de totes les cultures daquest mon. No hi ha llibertat de lindividu sense cultura, entesa per tothom, lliurement escollida lliurement escampada. Com a pintor, conscient, crec en la força de lart, que és un aspecte de la cultura, per ultrapassar el primitivisme que portem a dins,

Las palabras que pronunció Joan Junyer aquel día de 1951 en Nueva York se grabaron y se escucharían, al menos, otra vez. Ocurrió la citada tarde de Sant Joan de 1994, en Llucalcari. En la ceremonia se reprodujeron sus palabras con un magnetófono y Joan se preguntaba en tono fantasmal ante los políticos mallorquines:

I, què és el que hem fet tots plegats?…

(Aquella tarde Dolors no pudo evitar unas lágrimas que resultarían premonitorias).

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