Pongamos que hablo de Lucifer

Análisis Lucifer | Palma. Mallorca

(Ver artículo original publicado en Diario de Mallorca)

Los demonios que estos días han copado las plazas de los pueblos, los patios de los colegios y las páginas de los periódicos de Mallorca prácticamente me han susurrado estas palabras que ahora transcribo. Pocas sociedades adoran tanto a los demonios como la mallorquina, a ‘Sant Antoni’ o ‘Sant Seastià’ me remito. Ya que tenemos al maligno en tan alta estima es conveniente que sepamos a quién adoramos con tanto fervor. Superficialmente se le define  como el adversario, el difamador o el espíritu que incita al mal pero este arquetipo tiene tantas facetas y matices como nombres: Diablo, Satanás, Astaroth, Asmodeo, el último de los Nephilin, Belcebú, Mefistófeles, Lucifer…

No está claro si Satanás y Lucifer son la misma figura, la tradición hebrea (Ezequiel, Isaías) afirma que cuando expulsaron al ángel Lucifer del paraíso por soberbio cayó a la tierra transfigurado en el adversario (Satanás) donde hace y deshace a su gusto. Sin embargo, para los gnósticos, son dos personajes diferentes, siendo el primero un demonio sin determinar y el segundo el entrenador psicológico, aquel que pone a prueba al adepto para lograr la iniciación.

Por razones de espacio y afinidad me centraré en la figura gnóstica de Lucifer. La etimología nos da la primera sorpresa: es ‘aquel que porta la luz’ en latín y ‘fósforo’ (fhos=luz) en griego, de hecho las primeras cerillas de fricción registradas en el s. XIX se llamaron “Fósforos Lucifer”. También se asocia al primer lucero del alba, el planeta Venus. Algo tiene que ver la luz en todo esto. ¿Pero qué luz? ¿Acaso no será la luz de la razón? El siglo XVIII, el de la Ilustración, es visto como el Siglo de la Razón o el Siglo de las Luces (bien podría haberse llamado el Siglo de Lucifer) porque, según sus protagonistas, por primera vez en la historia se disfruta de las herramientas intelectuales capaces de clarificar e iluminar todos los problemas. Es la época de nuestra mayoría de edad, cargada de optimismo y confianza en los poderes del ser humano. Inmanuel Kant, el filósofo prusiano, ilustrado por antonomasia, opinaba que gracias a la luz de la razón, las naciones finalmente desaparecerían, los gobiernos ya no serían necesarios y la humanidad experimentaría paz gracias al progreso en política, ciencia y tecnología. Está claro que Kant se perdió el siglo XX. “El sueño de la razón produce monstruos”, advertía el pintor Francisco de Goya. Siglos después, la visión de Kant bien podría considerarse soberbia, precisamente el motivo por el que Lucifer fue expulsado del paraíso. ¿Nos pasará a nosotros, los mallorquines, sus seguidores, lo mismo? De momento, progresamos adecuadamente.

 

 

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