Rob Hopkins y el ‘Movimiento Transition’ para hacer frente al cambio climático

Frente a la dependencia del petróleo apuestan por el renacimiento de lo local.

Encuentro con Rob Hopkins | Totnes. Inglaterra

Esta iniciativa basada en el ‘pico del petróleo’, la ‘resilencia local’ y la permacultura ha puesto en marcha casi mil iniciativas de Transition Towns (‘Pueblos en Transición’) en 27 países.  La lista de localidades que están decidiendo si van a ser ‘Iniciativas de Transición’ crece constantemente.

Llevamos 150 años viviendo con el petróleo. En este tiempo nos ha hecho aparentemente mucho más fuertes, rápidos y productivos. Permitiendo a nuestras sociedades un rendimiento 100 veces superior a lo que sería sin petróleo. Hemos basado nuestra estructura de vida en los combustibles fósiles hasta tal punto que somos adictos a estas sustancias. Sin ellas, nuestra civilización se colapsa.

Todavía hay imprudentes que dudan del cambio climático. Sin embargo, nadie cuestiona que el petróleo más pronto que tarde se agotará. De hecho, el problema no aparecerá cuando hayamos gastado la última gota de crudo. El momento que realmente afectará a nuestra sociedad es el ‘pico del petróleo’, es decir, el momento en que nos damos cuenta de que a partir de este punto siempre habrá menos, y que por su escasez creciente se convertirá en una comodidad cada vez más cara. Muchos indicadores señalan que nos encontramos cerca de ese punto de inflexión, o que incluso ya lo hemos alcanzado.

Este análisis puede dejar una sensación de depresión e impotencia. Sin embargo, en Inglaterra, ha nacido el ‘Movimiento Transición’ (‘The Transition Movement’) que fomenta la esperanza en lugar de la culpabilidad y el optimismo en lugar del miedo. Frente a la aprehensión ofrecen anticipación. Gracias a esta iniciativa ya se han movilizando pueblos enteros para pasar de la dependencia del petróleo a un renacimiento local. Han elegido afrontar el síndrome de abstinencia que supone la subida de los precios del petróleo con creatividad y visión positiva.

El impulsor del ‘Movimiento Transición’ es un permacultor llamado Rob Hopkins. Hace algún tiempo se instaló con su familia en un pueblo del sur de Inglaterra llamado Totnes y allí se puso en marcha el primer ‘Transition Town’ (‘Pueblo en Transición’). En la actualidad, el moviminto se expande como un virus benigno por todo el país. El Reino Unido está recibiendo una fuerte sacudida por la crisis y eso permite que este tipo de soluciones arraiguen con más fuerza. En los pueblos pequeños como Totnes (8.500 habitantes) la acogida es mayor y la aplicación de las herramientas de transición es más fácil. Sin embargo, se han sumado comunidades tan populosas como Bristol (400.000 habitantes) o Nottingham (280.000 habitantes).

 

Herramientas para sanar la Tierra

En la calle principal de Totnes, Rob y su equipo tienen un destartalado despacho desde donde dirigen el movimiento. Desde allí coordinan las ‘Iniciativas Transición’ y facilitan las herramientas a la red, pero solo hasta cierto punto ya que su intención es que cada proyecto sea autosuficiente y camine de forma autónoma. Tienen un manual que consta de 12 pasos. Algunos de ellos son: concienciar, formar grupos, utilizar espacios abiertos, facilitar el aprendizaje de habilidades, construir un puente con el gobierno local, honrar a los ancianos, dejar que vaya donde quiere ir, crear un plan de acción de descenso energético…

Rob es un tipo que se curtió como activista en los años 90 oponiéndose a la construcción de grandes carreteras en Inglaterra. En esos mismos años se familiarizó con la permacultura que para él es “una caja de herramientas para sanar la Tierra” y se fue a vivir a Irlanda donde estuvo explorando la autosuficiencia. Allí, en un pequeño pueblo llamado Kinsale (2.300 habitantes) impulsó un proyecto llamado ‘Plan de acción de descenso energético de Kinsale’, esto fue el embrión que más tarde daría forma al ‘Movimiento Transición’. Para desarrollar a fondo la idea decidió irse a Totnes porque desde los años 20 está considerado un laboratorio perfecto para experimentar proyectos sociales de vanguardia y allí encontró el terreno de cultivo perfecto: una comunidad receptiva y un ayuntamiento abierto a ideas nuevas.

Cuando un permacultor hace un diseño, por ejemplo, para un huerto, en lugar de someter a la naturaleza e imponerle sus soluciones, trata de colaborar con ella y deja que sea ella quién se exprese. Eso es precisamente lo que hace un Pueblo en Transición, busca sus propias soluciones para superar la dependencia del petróleo. Esa es una de las características de la permacultura que impregna este movimiento y que se ha convertido en una de sus señas de identidad: en lugar de ofrecer soluciones preconcebidas trata de ser un catalizador para que las personas se hagan las preguntas adecuadas y obtengan por sí mismos las soluciones necesarias para su comunidad. Lo que intentan es despertar el ‘genio’ de la comunidad. El movimiento simplemente facilita las herramientas para que esto suceda.

Los encuentros que organizan en el pueblo son espacios abiertos. Por ejemplo, hicieron una reunión sobre el tema de volar o no volar en avión. No era un evento en el que decíamos: “Volar en avión es malo, no tienes que coger más aviones”. El propósito del evento no era de convencer a la gente de no volar en avión, sino crear un espacio seguro y respetuoso donde cada asistente podía oír los motivos más profundos detrás de la decisión de volar o no volar. Cada persona partía de un punto distinto. Había una persona cuya postura era: “Me gusta volar, ¿por qué tendría que dejar de hacerlo?” La de otra: “yo hace más de 20 años que no cojo aviones”. La posición de otro asistente era “Mi abuela vive en Puerto Rico y la idea de no volver a verla antes de que se muera me crea una necesidad de volar”. Pero en lugar de crear confrontación entre estos enfoques contrarios facilitan las conversaciones de tal forma que realmente escuchas la perspectiva de los demás.

 

Somos adictos al petróleo

A día de hoy, ‘Totnes Transition Town’ (‘Totnes Pueblo en Transición’) es el proyecto de transición más avanzado y ejemplo para el resto. Llevan algo más de dos años y tras la fase de observación y diseño ya empiezan a verse resultados. Se ha credo una red de ciudadanos y hay 11 grupos de trabajo que cubren un amplio abanico de temas, entre ellos un proceso de descenso energético con un plan para los próximos 20 años. En términos más tangibles hay unos 80 árboles frutales plantados en el interior del pueblo y cada uno tiene un guardián que ha sido formado para cuidarlo. También han puesto en marcha un amplio programa de eventos y talleres de habilidades y han producido un directorio de alimentos locales. La iniciativa más llamativa ha sido la libra de Totnes, una moneda local que se puede utilizar en 73 tiendas del pueblo.

Para Rob Hopkins la fase de concienciación es muy importante. Ha llegado a la conclusión de que no todo el mundo está preparado para recibir el mismo tipo de información. Basándose en el hecho de que tanto nuestras sociedades como los miembros que las formamos somos adictos al petróleo, estudió el modelo que se aplica a los adictos al alcohol y se dio cuenta que hay diferentes fases de la adicción: pre-contemplación, contemplación, preparación, y acción. La pre-contemplación es cuando dices: “No tengo ningún problema, bueno a veces me gusta beber pero ¿qué pasa? Mis amigos también lo hacen, no es un problema.” La contemplación es la siguiente fase: “Bueno, a mi mujer no le gusta que beba y a veces lo paso mal. Puede que haga algo al respeto dentro de unos meses pero por ahora no es un problema.” La preparación es cuando dices: “Haré algo este mes, me siento preparado para hacerlo.” Y la siguiente fase es cuando lo haces.

En el trabajo con el medio ambiente y la adicción al petróleo, se da por hecho que todos están en la fase de preparación y que lo único que necesitan es un empujón para pasar a la acción. Pero no es así, la gran mayoría está en las fases de pre-contemplación y de contemplación. La forma de presentar estos temas a personas que están en la fase de pre-contemplación es muy distinta a la que empleas con gente en fase de preparación. Las palabras que a unos pueden animar a actuar a otros les pueden asustar y bloquear.

Otra herramienta característica es la visión positiva. Uno de los planteamientos que hace este movimiento es informar a las comunidades que la situación frente al cambio climático y el pico del petróleo es parecida a una movilización de guerra. Pero hay mucha diferencia entre hacer una campaña contra el cambio climático que asuste a la gente, y crear una visión atractiva de un mundo post-petróleo que genere entusiasmo para que la gente quiera embarcarse en un viaje en esta dirección.

Rob Hopkins es tajante en este aspecto y critica la “autocomplacencia elitista y falta de humildad que a veces muestran los ecologistas, y que impide que se produzca una movilización a gran escala”. Además afirma que “nos hemos acostumbrado a hacer campañas en contra de las cosas y nos hemos olvidado adónde queremos ir”. Según Hopkins “la lógica y la psicología son erróneas. Hay que entusiasmar a la gente porque un futuro con menos petróleo podría ser, si se aplican suficiente diseño y pensamiento por adelantado, preferible al presente”. El Movimiento Transición se esfuerza en presentar un futuro sin petróleo como un lugar hacia el que apetece ir. Para ello tratan de incorporar a novelistas, poetas, artistas y cuenta-cuentos al movimiento, para que creen nuevos mitos e imágenes apetecibles que estimulen el cambio. En Totnes hicieron un experimento, se situaron en el año 2030 con una capacidad energética muy reducida e intentaron visualizar cosas del estilo : Cuándo caminas por la carretera ¿qué sientes? ¿qué ves? O ¿qué vas a desayunar? ¿qué noticias traerá el periódico? Los niños se volcaron en la iniciativa. A ellos utilizar la imaginación les encanta. La consiga es anticiparse y construir el futuro en lugar de esperar a que llegue dramáticamente.

 

Río que cruza Totnes

 

‘Resiliencia’ de la comunidad

Frente al pico del petróleo este movimiento apuesta por la ‘resiliencia’ de la comunidad. No es una palabra muy conocida, salvo en ámbitos de la ingeniería y la ecología, pero su significado es muy inspirador. De hecho, este concepto refleja la capacidad de un sistema de responder a los choques externos y a los cambios forzados. En el contexto de las comunidades en transición se refiere a la capacidad de no colapsarse ante la carencia de petróleo o de alimentos, y su habilidad de adaptarse a los impactos. Los ingredientes que lo permiten son su diversidad, la cantidad de conexiones entre los elementos que lo compone y la capacidad de cada uno de estos elementos para subsistir por sí mismo.

Según el economista David Fleming, una comunidad con resiliencia es aquella que puede cubrir sus necesidades a pesar de la ausencia sustancial de viaje y transporte. Y la que remplaza las grandes infraestructuras y burocracias de la economía intermediaria con alternativas locales, hechas a medida, a un coste reducido. Para conseguir que la transición se desarrolle hay un punto clave en el proceso que dentro de la terminología de este movimiento se conoce como: Facilitar el Gran Aprendizaje de Habilidades. Para ello insisten en honrar a los ancianos porque los ancianos de hoy cuando eran niños pequeños, aprendieron un conjunto de habilidades por ‘osmosis’. No lo estudiaban en el colegio pero se criaron aprendiendo a reparar cosas, a hacer que las cosas duren, a ahorrar, a cultivar la tierra. Necesitamos que recuperar esas habilidades. Para Rob “nos hemos convertido en la generación más inútil que jamás haya pisado el planeta. Nos han educado para un mundo que va a desaparecer muy pronto”. Pero al mismo tiempo insiste en que “hay esperanza, somos muy adaptables y aprenderemos. Las habilidades no se han escapado totalmente de nuestras manos. Todavía hay gente que sabe hacer estas cosas, que han guardado los conocimientos”. De la misma forma que hay bancos de semillas propone que haya bancos de habilidades que recojan los conocimientos sobre agricultura, construcción…

“Cuando ves niños aprendiendo estas habilidades -dice Rob,- se nota el hambre que tienen de estos conocimientos, la idea de fabricar un barco o de hacer una casa les encanta. Los niños están hambrientos por este tipo de cosas”.

Uno de los pilares de la resiliencia y al mismo tiempo de la permacultura es la multifuncionalidad. Rob pone el siguiente ejemplo para ilustrarlo, una comunidad puede hacer una campaña para reciclar los plásticos. Será mejor para el medio ambiente, pero no aporta resiliencia a la comunidad. El hecho de recoger los plásticos y mandarlos a otro sitio no deja a la comunidad en una posición más fuerte. Otra cosa sería desarrollar otros usos para los plástico reciclados que requieran poco procesamiento, tal vez produciendo bloques de construcción con plástico comprimido a algún tipo de aislante para uso local. Otro ejemplo tiene que ver con las campañas para plantar árboles y combatir con las emisiones de CO2 y el cambio climático, una forma de crear resiliencia sería implantar bosques bien diseñados que combinen en el mismo espacio árboles y vegetales que producen alimentos. Así crearían resiliencia.

Para evitar malentendidos Rob Hopkins insiste en que tener una economía local más fuerte no es un rechazo al comercio exterior o un intento para volver a un pasado idílico. En palabras del impulsor de Transition “significa estar más preparados para un futuro más escaso, más autosuficiente, y dar prioridad a lo local en vez de los productos importados”.

Hemos pasado de una sociedad agrícola a una sociedad industrial y ahora nos hemos movido a una sociedad post-industrial que tiene una encrucijada delante. El colapso o la transición

Libra de Totnes, moneda local

LA TRANSICIÓN EN LAS CIUDADES

 

Ha habido ideas de convertir una ciudad como Los Ángeles (EE.UU.) en ‘Transition Town’ (‘Pueblo en Transición’) pero no han fructificado, una ciudad que fue construida enteramente en la idea de que un coche te puede llevar a cualquier parte lo tiene mucho más difícil ante el descenso del petróleo y para recuperar su capacidad de resiliencia. No obstante, las ciudades que han iniciado la transición, como Bristol (400.000 habitantes), suelen tener un grupo principal al que se suman grupos de trabajo por barrios. Uno de los grandes retos que tienen es incluir a todas las culturas y las comunidades de inmigrantes.

 

LOS DOCE PASOS DE LA TRANSICIÓN

 

  1. Montar un Grupo de Dirección y diseñar su disolución desde el principio

  2. Concienciar

  3. Establecer las bases

  4. Organizar un Gran Lanzamiento

  5. Formar grupos

  6. Utilizar Espacios Abiertos

  7. Desarrollar manifestaciones del proyecto que sean visibles y prácticas

  8. Facilitar el Gran Aprendizaje de Habilidades

  9. Construir un puente al gobierno local

  10. Honrar a los ancianos

  11. Dejar que vaya dónde quiere ir

  12. Crear un Plan de Acción de Descenso Energético

 

Las Iniciativas de Transición están basadas en cuatro supuestos claves:

 

  • La vida con un consumo energético dramáticamente reducido es inevitable, y que es mejor planificarlo en vez de que nos llegue por sorpresa.

  • Nuestros asentamientos y comunidades actuales carecen de resiliencia para permitir capear los choques energéticos graves que acompañarán al ‘pico del petróleo’.

  • Tenemos que actuar como un colectivo, y tenemos que actuar ahora.

  • Si permitimos al ‘genio colectivo’ diseñar creativamente y activamente nuestro descenso energético, podemos crear estilos de vida que estén más conectados, más enriquecedores y que reconozcan los límites biológicos de nuestro planeta.

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