Notas de una hormiga mallorquina en un atasco

Análisis Atasco| Palma. Mallorca

(Ver artículo original publicado en Diario de Mallorca)

Esta mañana atrapado con mi coche en el atasco mallorquín he tenido tiempo de darle vueltas a algunas paradojas. Los embotellamientos ya son tan largos que dan para hacer un artículo. Incluso tienes tiempo para sufrir una metamorfosis.

En los últimos años hemos perdido mucha calidad de vida en Mallorca. Unos pocos se han enriquecido mucho y muchos se han empobrecido. Aquí, en el atasco, me queda el consuelo de que los embotellamientos son democráticos, y el señor del Maserati de al lado está tan atrapado como yo.

Miro las caras a mis compañeros de atasco. Son un poema. La belleza y accesibilidad de Mallorca, –el escritor Cristobal Serra añadiría: “y la tendencia al mercantilismo de su población”- han provocado un crecimiento económico acelerado que ejerce una presión humana muy desproporcionada respecto a los recursos naturales de que disponemos.

 

Esta pequeña isla del Mediterráneo que ha acogido e inspirado a artistas y que en sus recodos y pliegues húmedos ha guardado tantos misterios ha perdido la inocencia y con ella su valor más precioso, la calma. ¿Qué pensarían hoy Ramón Llull, Chopin, el Archiduque Luis Salvador, Robert Graves, Joan Miró, Rubén Darío, Matti Klarwein, y tantos otros…?

Después de quice minutos en el atasco me siento una hormiga, y caigo en la cuenta de lo vulnerable que es nuestro hormiguero ante un posible crisis energética. En los atolladeros da tiempo para pensar en cualquier cosa. Mientras veo el humo de los coches bajo la lluvia, pienso que dependemos del petróleo y del carbón que proceden de lugares muy lejanos. Tras media hora de retención ya soy una hormiga apocalíptica. Como mi coche sigue parado saco la libreta y anoto una pregunta que me sobreviene: “¿Cuál es el nivel de resiliencia de Mallorca ante un escenario de crisis energética, colapso del transporte o recesión turística?”.

Han pasado cuarenta y cinco minutos sin avanzar. Me he convertido en una hormiga apocalíptica pesimista. Desde mi ventana mojada contemplo como Mallorca ha sido devorada por la estandarización, el mercantilismo y la mecanización, que muchos han confundido con progreso. Poco queda ya de la magia de la ‘Isla de la calma’ y del refugio de bohemios y artistas. Otro paraíso tachado de la lista. Otro edén con McDonald’s. Otro centro comercial sin fronteras. Otra sociedad convertida en parque temático plagado de franquicias.

El trafico recupera el pulso, meto primera. A través del parabrisas veo una indicación al aeropuerto y llego a la conclusión de que casi tarda menos un turista en llegar de Londres a Mallorca que yo de mi casa al trabajo. Tomo conciencia de que al salir del atasco soy otro: soy una hormiga apocalíptica pesimista cabreada.

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