Paraísos fiscales, los sumideros de la riqueza

El 0.001 % de la población mundial acumula ocho billones de euros

Análisis Paraísos fiscales | Samaná. República Dominicana.

La agudización de la crisis y la incapacidad de los gobiernos para aplacar el tsunami de los mercados está provocando que cada vez se mire con más irritación hacia los agujeros negros del sistema. Aquellos elementos del entramado económico que profundizan las causas de la injusticia y el colapso económico. Uno de los elementos que están recibiendo el foco de la indignación son los paraísos fiscales, oasis jurídicos para las grandes fortunas y el blanqueo de dinero. El motivo de este repudio se justifica por la percepción de que la riqueza de muchos países está en manos de un pequeño número de individuos adinerados mientras las deudas son asumidas por la gente normal a través de los estados. Todo sumado a la nula voluntad política de erradicar estas anomalías jurídicas.

 

Un estudio realizado por el grupo Tax Justice Network ha revelado que existen entre 17 y 26 billones de euros escondidos en paraísos fiscales, que habrían aportado 230.000 millones de euros en concepto de recaudación por impuestos.

El grupo, dirigido por el antiguo economista principal de la consultora McKinsey y experto en paraísos fiscales, James Henry,  sostiene que la riqueza de estas élites económicas, está “protegida “por un grupo de profesionales, muy bien pagado y disciplinado, que se aprovechan de una economía global cada vez más transfronteriza y con menos fricciones”. Por ejemplo, los bancos suizos ya están trabajando en reforzar su presencia en el Golfo Pérsico para suplir los ingresos de una hipotética y, de momento improbable, campaña para regular estas aberraciones jurídicas.

Los estados ricos en petróleo son especialmente propensos a depositar su riqueza en estas cuentas, en lugar de invertir en su propio país. El estudio también pone como ejemplo a Arabía Saudí, de donde escaparon 179.000 millones de euros o Nigeria, con 250.000 millones de euros a la fuga.

Los cálculos del estudio arrojan además escalofriantes datos sobre la distribución de la riqueza planetaria: las 92.000 personas más ricas del mundo (un 0.001 por ciento de la población mundial) acumulan ocho billones de euros.

 

El perfil de los paraísos fiscales suele ser un pequeño territorio en extensión y población en cuyos bancos se acumula la riqueza privada de todo el mundo. Históricamente se les acusa de servir de cobijo a evasores de impuestos, terroristas y narcotraficantes.

 

Los cuatro factores –que bien pordrían ser 10– que incluye la definición que hace la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para determinar si una jurisdicción es un paraíso fiscal despejan cualquier duda sobre la naturaleza de estos bunkers de la opacidad:

 

  1. Si la jurisdicción no impone impuestos o éstos son sólo nominales. La OCDE reconoce que cada jurisdicción tiene derecho a determinar si imponer impuestos directos. Si no hay impuestos directos pero sí indirectos, se utilizan los otros tres factores para determinar si una jurisdicción es un paraíso fiscal.
  2. Si hay falta de transparencia.
  3. Si las leyes o las prácticas administrativas no permiten el intercambio de información para propósitos fiscales con otros países en relación a contribuyentes que se benefician de los bajos impuestos.
  4. Si se permite a los no residentes beneficiarse de rebajas impositivas, aun cuando no desarrollen efectivamente una actividad en el país.

 

Otro rasgo característico de los paraísos fiscales suele ser la existencia de estrictas leyes de secreto bancario y de ocultación de datos personales. Es habitual que los datos de accionistas y directores de empresas no figuren en registros públicos.

Los paraísos fiscales tienen una sorprendente doble legislación que genera dos economías paralelas. La de los residentes y empresas locales, que están sujetos al pago de impuestos como en cualquier otro país y la de los no residentes, que gozan de ventajas fiscales y suelen tener prohibida cualquier actividad económica o de inversión dentro del territorio del país donde tienen su dinero.

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