Apuntes para navegar en los mares de las relaciones de pareja

Amor, desamor, duelo… y vuelta al ruedo

 

Empecemos por lo bonito de la relaciones. El enamoramiento correspondido hace que nos sintamos felices y plenos. Con la sonrisa tonta, bebiendo los vientos de la persona amada. Pero seamos realistas: todo lo que sube, baja.

Enamorarse es un estado emocional de alegría y felicidad que sentimos cuando nos encontramos fuertemente atraídos por otra persona, a la que idealizamos y le atribuimos toda una serie de cualidades que en la mayoría de los casos magnificamos.

En cada persona el enamoramiento surge por causas diferentes y específicas. Vemos en esa persona a un ser encantador que nos cautiva por una serie de cualidades que nos gustan y nos atraen, su manera de ser, comportarse, moverse, belleza, inteligencia, etc. Incluso a veces no encontramos una causa objetiva y concreta que justifique los sentimientos que experimentamos.

Cuando la persona enamorada es correspondida, siente un deseo irresistible de estar con la otra persona, de conocerla y de ahondar en su vida. De hacer el amor.

 

Del enamoramiento al amor

El enamorado piensa que ese amor es el definitivo, único e irrepetible y que va a perdurar siempre. Sin embargo, es tan sólo el comienzo de un proceso que puede acabar en verdadero amor, y que dependerá en gran medida del conocimiento y el trato que vaya teniendo de la otra persona. Sus gustos, preferencias, manías, objetivos etc.

Según dicen los expertos, este proceso consiste en la maduración de ese amor inicial para convertirlo en una amor sólido donde se cimiente una relación duradera y de entrega, dando paso en muchas ocasiones a un proyecto de vida en común o de familia.

O no.

 

Cómo mantener el amor

Al comienzo de toda relación es bueno conocer las inquietudes, hobbies y actividades que a cada uno le gusta hacer e intentar respetarlas y, en la medida de lo posible, hacerlas juntos pero, sin forzar situaciones.

Tampoco debemos olvidar que también es bueno hacer cosas individualmente y que es un error pensar que las parejas que pasan más tiempo juntas funcionan mejor.

En definitiva, se trata de no perder la ilusión porque transcurrido un cierto tiempo, se pasa de la euforia del comienzo a la tranquilidad de la vida cotidiana.

Después de varios años de convivencia se suele producir el cansancio y el deterioro de algunas parejas que no han puesto los medios para evitarlo.

Para que esto no ocurra, y mantengamos la ilusión y el entusiasmo, es preciso cuidar día a día nuestra vida en común. ¿Cómo? A través de los pequeños detalles y de la comunicación, intentando cada día un acercamiento mayor, demostrándole además a nuestra pareja que la queremos y haciendo que se sienta feliz a nuestro lado. Si no lo conseguimos tal vez es porque asoman los síntomas de desamor:

– Empiezas a envidiar a otras parejas

– Insistes a tu pareja en hacer un trío

– Se activa el recuerdo de viejos amores

– Te preguntas si te has enamorado de la persona equivocada

– Vuelves a Redtube

– Buscas fuera de casa lo que no encuentras dentro

– Vas a comprar tabaco y no vuelves

 

Duelo

Cuando un amor que fue correspondido deja de serlo se suele experimentar un sentimiento de tristeza y frustración.

A todos nos han roto el corazón más de una vez… Cuando perdemos una pareja, por el motivo que sea, sentimos un vacío, nos falta su compañía, su cariño, su apoyo, su proximidad. Echamos de menos las experiencias conjuntas, las rutinas diarias, el compartir el tiempo y lugares. De repente desaparece la posibilidad de dar y recibir amor y sentirnos conectados y acompañados. Una ruptura altera nuestro pasado, presente y futuro… Te quedas jodido.

 

Actitud para enfrentar una ruptura:

Tal vez hayas compartido casa, tenido hijos juntos o un proyecto en común. Todo ello dificulta la separación porque nos impide cortar del todo. Dependiendo de cómo se produzca nos causará más o menos dolor pero inevitablemente supone una reestructuración radical de nuestra vida. Y los sentimientos y emociones que emergen tienen que ver con la pérdida y esto trae de la mano la tristeza, el miedo y la ira. En muchos casos afecta a la autoestima y cuestiona la forma en la que encaramos la vida en general. Mucho saben de ello las barras de los bares y las consultas de los piscólogos. Estos son algunos argumentos que proceden de ambos ambientes:

– Aprender a aceptar la realidad tal cual es: se ha terminado. En este momento ya no se puede retomar la relación.

– Lo que te depare el futuro ya no está en tus manos, pero puedes vivir la realidad presente con cierta dignidad.

– Un saco de boxeo facilita el proceso.

– Ni te sientas culpable ni culpes al otro por lo que ha sucedido. Los dos sois responsables y lo pasado, pasado está. No ha funcionado. No insistas.

– El tiempo -y el espacio- lo curan todo.

– Haz nuevos amigos con los que puedas compartir una vida

– Evita los círculos que frecuentabas con tu antigua pareja.

– Intenta ilusionarte con actividades o proyectos que te mantengan activo, ocupado y entretenido.

– Deja de llorar en el sofá y haz ejercicio y dieta saludable que redunde en tu salud física y te haga sentir bien contigo mismo.

– Intenta extraer el aprendizaje que te ha proporcionado esta experiencia para que te ayude en futuras relaciones. Cometerás otros errores, al menos, no repitas los mismos.

– No dejes que la falta de confianza te pueda. Repítete: “Esto también pasará”.

– ¿Antidepresivos?

Subir