Salvar los ecosistemas y ganar dinero

El Valle de Mamoní (Panamá) está explorando “finanzas de la conservación”

Análisis Finanzas de la conservación | Samaná. República Dominicana.

¿Es posible monetizar la conservación de los bosques amenazados? ¿Es compatible un enfoque con fines de lucro con la restauración de los ecosistemas y sus habitantes?

De lo que no cabe duda es que se trata de una tendencia de inversión en expansión. En el Valle de Mamoní (Panamá) están explorando esta fórmula. Se trata de una zona estratégica del Corredor Biológico Mesoamericano conformada por un mosaico de parcelas de bosque que suman 3.400 hectáreas. Uno de los ecosistemas más ricos de Latinoamérica, hogar de una comunidad indígena, hábitat de 5 especies de felinos, 4 monos y 1 tapir, entre otras miles de especies, muchas de ellas endémicas o en peligro de extinción.

 

Esta zona de selva llegó a su punto máximo de deforestación, en torno al 30%, en el año 2000. Earth Train, una organización estadounidense sin ánimo de lucro, inició sus esfuerzos para frenar la devastación en 2001 y en 2005 encargó a Rainforest Capital Management adquirir tierras con el fin de bloquear la destrucción del Valle de Mamoní y hacer un plan para aplicar las finanzas de la conservación.

Rainforest Capital Management es un compañía de “finanzas de la conservación” creada por Colin Wiel, un exitoso emprendedor norteamericano que espera facturar 20 millones de dólares regenerando esta zona de selva panameña en los próximos 10 años.

En la actualidad, según la Stanford Social Innovation Review , alrededor de 52.000 millones de dólares por año se destinan a proyectos de conservación, la mayoría provienen de donaciones filantrópicas. Se trata de una cantidad insuficiente ya que las estimaciones cifran que son necesarios hasta 400.000 millones por año para preservar los ecosistemas en peligro de la tierra y los océanos.

Los fondos de inversión privados han visto el nicho de oportunidad y existe una creciente oferta de soluciones basadas en el mercado que conservan y restauran los ecosistemas amenazados. Emergen proyectos de estas características en República Dominicana, Colombia, México, Brasil, Ecuador…

Samuel Larson, director general de Rainforest Capital Management, lo tiene claro “es una oportunidad para la conservación y también para ganar dinero”.

Este nuevo modelo de conservación aplica la lógica tradicional de las finanzas a la regeneración de los ecosistemas. Lo llaman “inversión con propósito” ya que según explica Larson “tiene un impacto positivo en la comunidad local, en la conservación del bosque y contribuye a capturar dióxido de carbono”.

Según Larson, “ofrecer una oportunidad sostenible y rentable a la gente que habita el bosque es lo que garantiza su conservación. Para ello introducimos en el mercado una porción del territorio y financiamos la preservación de la mayor parte”.

El modelo pretende integrar a la comunidad local, “asegurar un sustento para que no tengan necesidad de talar árboles, cazar animales en peligro de extinción o realizar minería ilegal en la zona”. Las alternativas económicas que les proponen desde la compañía de Wiel y Larson son el ecoturismo, la venta de parcelas privadas, servicios forestales, ganaderos, agrícolas, culturales y educativos.

Larson, con un pie en Panamá y otro en Silicon Valley, sabe que muchos de los nuevos inversores de bienes raíces “ya no quieren vivir junto a un campo de golf sino que prefieren un entorno salvaje con proyectos integrados de permacultura y forestería”.

Un inversor inmobiliario clásico compra un edificio en una ciudad, lo rehabilita para revalorizarlo y posteriormente lo vende. Eso es lo que propone hacer la compañía de Wiel y Larson con una parte del Valle de Mamoní para salvar el resto.

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